Hay voces que cuesta imaginar envejeciendo. Freddie Mercury es una de ellas. Este 5 de septiembre habría cumplido 80 años y, aunque han pasado casi 35 desde su muerte, basta escuchar unos segundos de ‘Bohemian Rhapsody’, ‘Somebody to Love’ o ‘We Are the Champions’ para entender por qué sigue siendo una de las figuras más reconocibles de la historia del rock.
Detrás de Freddie estaba Farrokh Bulsara, nacido el 5 de septiembre de 1946 en Zanzíbar. Pasó buena parte de su infancia en la India, empezó a estudiar piano con siete años y en 1964 se trasladó con su familia a Inglaterra. Allí estudió diseño gráfico y terminó cruzándose con Brian May y Roger Taylor. A comienzos de los 70 nacía Queen y Farrokh Bulsara dejaba paso definitivamente a Freddie Mercury.
Queen llevaba unos años intentándolo cuando en 1974 llegó ‘Killer Queen’. La canción ayudó a impulsar internacionalmente al grupo y ya contenía buena parte de lo que acabaría haciendo diferente a Mercury: teatralidad, elegancia, provocación y una manera muy particular de jugar con su voz.
Un año después llegó la canción que cambió definitivamente la historia de Queen. ‘Bohemian Rhapsody’ mezclaba rock, balada y ópera en una estructura que parecía difícil de llevar a las listas de éxitos. Funcionó. Y terminó convirtiéndose en una de las canciones inseparables del nombre de Freddie Mercury.
La pieza también resume bastante bien su forma de entender la música: si una canción pedía exagerar, se exageraba. Queen no tenía demasiado interés en respetar las fronteras entre géneros.
El Freddie que llenaba estadios convivía con un compositor capaz de mostrar una cara mucho más vulnerable. ‘Somebody to Love’, publicada en 1976, es probablemente uno de los mejores ejemplos. Entre coros casi góspel y una interpretación vocal enorme, Mercury convirtió la búsqueda del amor en una de las grandes canciones de Queen.
En 1977 llegaron dos canciones que acabarían encontrando una vida propia en estadios de todo el planeta: ‘We Will Rock You’ y ‘We Are the Champions’. La primera fue escrita por Brian May; la segunda, por Mercury. Juntas terminaron formando uno de los cierres más reconocibles de los conciertos de Queen.
Y es que para entender realmente a Freddie hay que verlo sobre un escenario. No era únicamente cómo cantaba. Era cómo conseguía que decenas de miles de personas respondieran a un gesto, una mirada o una nota.
Mercury escribió ‘Crazy Little Thing Called Love’ en 1979 y Queen volvió a cambiar de registro. Esta vez tocaba mirar al rock and roll de los años 50, con Freddie jugando abiertamente con la estética y la forma de cantar de Elvis Presley.
La canción recuerda algo que a veces se pierde entre los grandes himnos del grupo: Queen podía sonar diferente prácticamente en cada disco y seguir sonando a Queen.
Con ‘Another One Bites the Dust’, escrita por John Deacon, el grupo se acercó al funk y la música disco. El resultado fue otro éxito gigantesco y una demostración más de que encasillar a Queen únicamente como una banda de rock se quedaba bastante corto.
Y entonces llegó Wembley. El 13 de julio de 1985, Queen salió al escenario de Live Aid y Freddie Mercury hizo una de las actuaciones más recordadas de su carrera. Fueron poco más de veinte minutos, pero dejaron imágenes que todavía forman parte de la memoria colectiva de la música.
El famoso intercambio de «Ay-Oh» con Wembley mostró quizá mejor que cualquier explicación lo que tenía Mercury sobre un escenario: levantaba un brazo y el estadio entero contestaba.
También estaba el Freddie que disfrutaba provocando. El videoclip de ‘I Want to Break Free’, con los integrantes de Queen caracterizados como personajes femeninos de una típica casa británica, dejó algunas de las imágenes más famosas de la banda.
Mercury ya había convertido para entonces su bigote, sus camisetas de tirantes y su presencia escénica en parte de una estética inmediatamente reconocible.
Fuera de Queen llegó uno de los encuentros más inesperados y especiales de su carrera. Mercury admiraba profundamente a Montserrat Caballé y terminó grabando junto a la soprano española ‘Barcelona’.
La canción unió rock y ópera y acabó inevitablemente ligada a los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Mercury no llegó a verlos: murió unos meses antes.
Durante los últimos años de su vida, la salud de Mercury se fue deteriorando mientras Queen continuaba grabando. En 1991 apareció ‘The Show Must Go On’, escrita principalmente por Brian May pensando en lo que estaba viviendo su compañero.
El 23 de noviembre de 1991, Mercury confirmó públicamente que padecía sida. Murió al día siguiente, el 24 de noviembre, a los 45 años.
Su muerte tampoco terminó con la historia. En abril de 1992, Wembley volvió a llenarse para homenajearlo y aquel concierto contribuyó al nacimiento de Mercury Phoenix Trust, dedicada a la lucha contra el VIH y el sida.
Este aniversario está teniendo algo de cumpleaños mundial. Montreux, una ciudad especialmente vinculada a Freddie y Queen, celebra este sábado una gran fiesta oficial por sus 80 años, con música y actividades para recaudar fondos para Mercury Phoenix Trust. En Wembley Park también se ha estrenado un enorme mural dedicado al cantante.
Freddie Mercury nunca llegó a cumplir los 46. Hoy habría cumplido 80. Es imposible saber cómo habría sido aquel Freddie ocho décadas después de nacer como Farrokh Bulsara en Zanzíbar. Lo que sí sabemos es cómo sigue sonando.
Y ahí la edad importa bastante poco. ‘Don’t Stop Me Now’, ‘Somebody to Love’, ‘Bohemian Rhapsody’, ‘Barcelona’… canciones que han conseguido algo que seguramente habría divertido bastante a Freddie: que el espectáculo, efectivamente, continúe.
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