Dormir con el ventilador apuntándote a la cara, dando vueltas en la cama y mirando el reloj cada media hora. Si te suena, no estás solo. Las llamadas noches tórridas, en las que el termómetro no baja de los 25 grados, están empezando a pasar factura… y no solo al descanso.
Según el profesor emérito de Fisiología de la Universidad de Barcelona Ginés Viscor, este tipo de calor nocturno repetido provoca un efecto acumulativo en el organismo. En pocas palabras: el cuerpo no desconecta como debería durante la noche, y eso tiene consecuencias.
En una entrevista tras la primera ola de calor del año en España —que ha dejado al menos 212 muertes asociadas— el experto advierte de que este fenómeno es “difícil de revertir”. Y no es menor: cuando el cuerpo no logra bajar su temperatura antes de dormir, se interfiere en procesos clave de reparación celular.
El resultado, explica, es claro: más riesgo de enfermedades, sistema inmunológico más debilitado e irritabilidad creciente.
Pero el problema no es solo el termómetro. El presidente de la Red Internacional de Investigación sobre Resiliencia Urbana Lorenzo Chelleri pone el foco en las ciudades. Según explica, lo peor no son los picos de 40 grados durante el día, sino la falta de enfriamiento nocturno.
El motivo está en el asfalto y el hormigón, que absorben calor durante el día y lo sueltan por la noche. Traducido: hay barrios que se convierten en auténticas trampas de calor, donde el cuerpo no encuentra alivio ni siquiera de madrugada.
Para combatir este escenario, Viscor apuesta por soluciones relativamente simples en casa, como los ventiladores de techo, que ayudan a disipar el calor corporal y favorecen el sueño sin el impacto del aire acondicionado.
Eso sí, avisa: el aire acondicionado generalizado también tiene un efecto rebote, ya que expulsa calor a la calle y contribuye a calentar aún más el entorno urbano.
A nivel de ciudad, la receta pasa por más sombra y menos asfalto emocionalmente abrasador: refugios climáticos como parques o bibliotecas, edificios mejor diseñados y más vegetación urbana.
Otro punto clave está en la hidratación, especialmente en personas mayores. Con la edad, el cuerpo pierde sensibilidad a la sed, lo que puede llevar a situaciones de riesgo sin que la persona lo perciba.
Viscor insiste: hay que beber incluso sin tener sed, y reponer agua y electrolitos cuando hay sudoración intensa. Incluso menciona opciones como bebidas isotónicas o sin alcohol en contextos de calor extremo.
Redacción (Agencias).
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