Un estudio publicado en la revista Science revela que algunas aves pierden temporalmente la sincronización de su reloj biológico durante sus viajes oceánicos, lo que afecta a su capacidad para orientarse.
Estamos acostumbrados a escuchar que el jet lag afecta a las personas cuando viajamos y cambiamos de huso horario, pero parece que no somos los únicos. Algunas aves marinas también sufren sus consecuencias después de recorrer grandes distancias sobre el océano.
Así lo recoge un estudio de investigadores de la Universidad de Oxford, publicado en la revista científica Science, que ha analizado los desplazamientos de las pardelas pichonetas, unas aves capaces de recorrer cientos de kilómetros en busca de alimento.
Los científicos han descubierto que sus largos vuelos pueden alterar su reloj interno y provocar pequeños errores de navegación. El motivo está en la forma que tienen de orientarse: utilizan el Sol como una especie de brújula natural, pero para hacerlo necesitan saber qué hora del día es.
Cuando el reloj interno deja de funcionar a su ritmo habitual
El problema aparece cuando estas aves vuelan rápidamente hacia el este o el oeste. Al atravesar diferentes longitudes, la posición del Sol cambia respecto a la hora que marca su reloj biológico. Es decir, su organismo no consigue adaptarse al mismo ritmo que cambia la hora solar.
Para comprobarlo, el equipo investigador analizó durante 20 años los datos GPS de más de 1.000 pardelas pichonetas. Los resultados mostraron que las aves podían desviarse hasta 15 grados de la dirección que debían seguir.
Eso sí, no parece que las pardelas adultas tengan grandes dificultades para encontrar el camino de vuelta. Son capaces de corregir su trayectoria durante el vuelo, por lo que el desvío apenas añade unos kilómetros a sus viajes.
Las aves más jóvenes podrían tenerlo más complicado
La situación podría ser diferente para las aves que realizan sus primeros desplazamientos migratorios. Al tener menos experiencia y contar con menos recursos para corregir su rumbo, estos pequeños errores podrían acumularse y provocar desviaciones mucho mayores.
De hecho, los investigadores apuntan a que las aves más inexpertas podrían llegar a desviarse cientos de kilómetros si no consiguen corregir su orientación.
El hallazgo abre nuevas preguntas sobre cómo funciona el reloj biológico de los animales y hasta qué punto influye en sus desplazamientos. Porque, al parecer, eso de necesitar unos días para recuperarse de un viaje largo no es algo exclusivamente humano.
Redacción (Agencias).



