Las crías de orangután permanecen junto a sus madres más de ocho años, una etapa crítica en la que combinan el aprendizaje social mediante la observación directa con la exploración individual. Según una investigación liderada por el Instituto Max Planck y la Universidad de Saint Andrews publicada en Science, el alcance de este traspaso cultural madre-hijo supera lo observado hasta la fecha en cualquier otro animal no humano.
La importancia de la observación materna
A partir de más de 4.700 horas de seguimiento a 21 ejemplares en Sumatra, los investigadores evaluaron tres aspectos clave: la observación atenta a adultos (‘mirar fijamente’), la exploración del entorno y la capacidad de alimentarse de forma autónoma.
- Minimización de riesgos: La dieta de un orangután adulto abarca casi 250 alimentos seleccionados entre miles de opciones del bosque tropical, muchas de ellas tóxicas. Aprender por ensayo y error resulta peligroso; por ello, las crías recurren al aprendizaje social con una frecuencia media cinco veces mayor que al individual.
- Efecto catalizador: Cada sesión de observación hacia la madre desencadena periodos de exploración propia que pueden prolongarse hasta dos horas y media.
Mayor variedad en la dieta y competencia cultural
El estudio demuestra que los individuos con mayores niveles de interacción social e individual logran la dieta más amplia al independizarse, superando hasta en tres veces a aquellos con menor actividad de aprendizaje. El aprendizaje social actúa incluso como un mecanismo compensatorio cuando la exploración individual es reducida.
Este complejo entramado de transmisión de conocimientos confirma que el aprendizaje cultural en primates no humanos posee profundas raíces evolutivas, resultando fundamental para la supervivencia de la especie.
Redacción




