La agricultura regenerativa podría ayudar a afrontar el aumento de la población mundial y, al mismo tiempo, mejorar la salud de los suelos y proteger la biodiversidad. Según un planteamiento recogido en un libro de Hugh Locke, unos 240 millones de pequeños agricultores podrían cubrir las necesidades alimentarias adicionales previstas hasta 2050 si reciben apoyo para transformar sus sistemas de producción.
475 millones de pequeños agricultores
En el mundo existen alrededor de 475 millones de pequeñas explotaciones agrícolas, principalmente en el sur global y, habitualmente, con menos de dos hectáreas. En conjunto, estos agricultores producen cerca del 30% de los alimentos del mundo, pese a contar con un acceso limitado a financiación, mercados y asistencia técnica.
Locke sostiene que ayudar a aproximadamente la mitad de ellos a adoptar la agricultura regenerativa y la agroforestería permitiría generar los alimentos necesarios para el crecimiento demográfico previsto hasta 2050. Estas explotaciones utilizarían alrededor del 12% de las tierras cultivables del planeta.
Agricultura regenerativa y biodiversidad
Este modelo busca mejorar los ecosistemas de los que depende la agricultura. Entre sus prácticas se encuentran la rotación de cultivos, los cultivos de cobertura, el compostaje, la reducción de la labranza, la agroforestería y la integración de la ganadería.
El enfoque combina conocimientos agrícolas tradicionales con avances científicos en biología del suelo, ecología y sostenibilidad, adaptando las prácticas a las condiciones de cada territorio.
Un posible beneficio frente al cambio climático
La transformación también podría contribuir a combatir el cambio climático. Los suelos saludables y las plantas pueden retirar CO2 de la atmósfera y almacenarlo en el suelo y la biomasa.
Según las estimaciones recogidas por Locke, 240 millones de pequeñas explotaciones que adoptaran sistemas regenerativos sobre unos 480 millones de hectáreas podrían llegar a retirar hasta 0,72 gigatoneladas de CO2 al año durante el periodo de acumulación de carbono en el suelo.
Además, una menor dependencia de los fertilizantes sintéticos podría aportar un beneficio climático adicional. El impacto combinado se estima entre 0,6 y 0,85 gigatoneladas de CO2 al año una vez implantado plenamente el modelo.
Una transformación agrícola diferente
Locke denomina esta oportunidad la ‘Gran Transformación Regenerativa‘, en referencia a la Revolución Verde del siglo XX.
La propuesta no busca únicamente producir más alimentos por hectárea, sino conseguir una agricultura que deje como resultado suelos más sanos, mayor biodiversidad, ecosistemas restaurados, más resiliencia climática y comunidades rurales viables.
Para lograrlo, el autor considera fundamental que los pequeños agricultores tengan acceso a financiación, mercados, formación y apoyo técnico.
Redacción




