Esta semana ese cumplen 24 años de la publicación de ‘Dirrty’, el explosivo primer sencillo de ‘Stripped’ con el que Christina Aguilera dejó atrás de forma definitiva la imagen de estrella adolescente que había construido con sus primeros trabajos discográficos. Lanzada el 4 de septiembre de 2002 junto al rapero Redman, la canción funcionó como una declaración de intenciones: frente al pop pulido y la estética juvenil de su debut, Aguilera apostó por una identidad mucho más provocadora, adulta y sexual, acompañada por el alter ego ‘Xtina’. La propia cantante defendió la elección del tema como carta de presentación pese a que su discográfica y su entorno habían preferido inicialmente ‘Beautiful’ como primer sencillo.
La recepción de ‘Dirrty’ fue, desde el comienzo, especialmente dividida. Algunos críticos destacaron su producción, su energía y su capacidad para romper con las convenciones del pop de la época, mientras que otros cuestionaron tanto la canción como la nueva imagen sexualizada de Aguilera. En Estados Unidos, además, su rendimiento en las listas quedó lejos del de sus grandes éxitos anteriores: alcanzó el puesto 48 del Billboard Hot 100. El panorama internacional fue bastante más favorable, con un número uno en Reino Unido y posiciones destacadas en numerosos mercados europeos y oceánicos.
El contraste se hizo todavía más evidente con ‘Beautiful’, lanzada posteriormente como segundo sencillo de ‘Stripped’. La balada recibió una acogida crítica mucho más unánime y consiguió el número dos del Billboard Hot 100 estadounidense, además de convertirse en un éxito de grandes proporciones en todo el mundo. Su mensaje de autoestima y vulnerabilidad mostraba otra faceta del álbum y demostraba que la nueva Aguilera no pretendía limitarse a la provocación de ‘Dirrty’, sino presentar una personalidad artística mucho más amplia y personal.
Pero si ‘Dirrty’ permanece como uno de los momentos más radicales de la carrera de Aguilera es, en buena medida, por su videoclip, dirigido por David LaChapelle. La producción trasladó la canción a un club clandestino de boxeo y baile, con una estética deliberadamente excesiva, vestuario mínimo, coreografías sexualmente explícitas y una Aguilera que convertía su cuerpo y su actitud en parte central del espectáculo. El vídeo generó una fuerte controversia y llegó a provocar protestas en Tailandia, pero también se convirtió en una de las imágenes más reconocibles de la cultura pop de comienzos de los 2000.
Redacción (Agencias)
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