La memoria del suelo no se recupera tan fácil

Un estudio alerta de que las praderas milenarias pueden perder parte de su identidad ecológica cuando se transforman para usos agrícolas o urbanos.

Hay paisajes que parecen volver a la vida después de una transformación, pero la ciencia avisa de que recuperar la apariencia de una pradera no significa recuperar el ecosistema original.

Esa es la principal conclusión que se desprende de un creciente número de investigaciones sobre praderas y pastizales antiguos. Según recoge Servimedia, cuando una extensión de hierba con miles de años de historia se ara para cultivar, por ejemplo, maíz, o se transforma para construir infraestructuras, lo que vuelve a crecer puede ser muy diferente de lo que había antes.

Y aquí está lo interesante: el cambio puede mantenerse durante décadas. Aunque el terreno vuelva a cubrirse de vegetación, la composición de las plantas y las características del ecosistema pueden no recuperar su estado original.

Miles de años que no se borran en un día

Una pradera de 10.000 años no es simplemente un montón de hierba. Durante todo ese tiempo, las especies vegetales, el suelo y los organismos que viven en él han ido construyendo un ecosistema con unas características propias.

Cuando llega el arado y cambia por completo ese equilibrio, la recuperación puede ser mucho más complicada de lo que parece. La naturaleza puede volver a ocupar el espacio, pero no necesariamente lo hace de la misma manera.

El problema también aparece cuando estos terrenos se transforman por el crecimiento urbano. Una sabana convertida en un centro comercial puede volver a tener zonas verdes con el paso del tiempo, pero eso no significa que haya recuperado la biodiversidad y las condiciones ecológicas que tenía originalmente.

Los científicos están empezando precisamente a estudiar por qué estos ecosistemas no recuperan fácilmente su composición anterior y qué procesos hacen que las consecuencias de una transformación puedan prolongarse durante tanto tiempo.

La investigación pone así el foco en una idea sencilla, pero importante: conservar un ecosistema antiguo puede ser mucho más efectivo que intentar reconstruirlo después de haberlo destruido.

Redacción (Agencias)