El aguacate es hoy uno de los alimentos más populares del mundo, pero detrás de su apariencia cotidiana se esconde una historia que se remonta miles de años. Su origen está en Mesoamérica, especialmente en las regiones del centro y sur de México, donde existen evidencias de su presencia y consumo desde hace unos 10.000 años. En las cuevas de Coxcatlán, en Puebla, se han encontrado restos que demuestran la antigüedad de su relación con las poblaciones humanas. Mucho antes de convertirse en ingrediente habitual del guacamole o de las tostadas, el Persea americana ya formaba parte de la alimentación de los pueblos prehispánicos.
Su nombre tiene un significado sorprendente. La palabra ‘aguacate’ procede del náhuatl ahuacatl, término que significaba tanto aguacate como ‘testículo’, probablemente por la forma del fruto y por cómo cuelga del árbol. De esa antigua palabra indígena surgió posteriormente la denominación castellana ‘aguacate’. La historia de su nombre no termina ahí: en inglés, avocado procede también de esa raíz a través de las transformaciones que experimentó la palabra al pasar por el español.
El guacamole también tiene raíces prehispánicas. Los antiguos mexicas preparaban una salsa llamada ahuacamolli, formada por ahuacatl (guacate y molli), es decir, literalmente, ‘mole de aguacate’. La receta se incorporó después a la gastronomía que se extendió por el mundo tras la llegada de los españoles. El aguacate también comenzó entonces un largo viaje fuera de América, hasta convertirse con el paso de los siglos en un cultivo presente en numerosos países de clima tropical y subtropical.
No existe un único tipo de aguacate. La diversidad de esta fruta es enorme y las culturas mesoamericanas ya distinguían diferentes variedades. El Códice Florentino recoge tres tipos que se han relacionado con las principales razas cultivadas: la mexicana, la guatemalteca y la antillana. De ellas y de sus cruces han surgido numerosas variedades modernas, entre ellas la popular Hass, que se obtuvo en California y terminó convirtiéndose en una de las variedades comerciales más extendidas del planeta.
Es una fruta con una historia mucho más antigua que la agricultura moderna. Aunque tradicionalmente se ha situado su domesticación en Mesoamérica, las investigaciones arqueológicas han encontrado evidencias todavía más antiguas de consumo de aguacate en América. Un estudio académico señala que existen restos que sitúan su presencia en Mesoamérica hace unos 10.000 años, mientras que otros hallazgos arqueológicos en Perú apuntan incluso a un consumo anterior. Aquella larga relación entre los seres humanos y el fruto permitió que, mediante selección y cultivo, fueran aumentando progresivamente el tamaño y las características de los aguacates que conocemos actualmente.
De alimento ancestral a ‘oro verde’. La expansión internacional del aguacate ha sido extraordinaria: después de su llegada a Europa durante la época colonial, el cultivo se extendió progresivamente a otras regiones con condiciones adecuadas. Hoy México continúa siendo una potencia mundial del sector y el aguacate se ha convertido en un producto de enorme importancia económica y gastronómica.
Redacción (Agencias)
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