La carabela portuguesa se está convirtiendo en una visitante cada vez más habitual de las costas del Cantábrico. Su presencia no es nueva, pero en los últimos años los ejemplares están llegando antes y en mayor cantidad, según ha explicado el biólogo Gerardo García Castrillo.
Detrás de este aumento estarían los cambios en las corrientes y la subida de la temperatura del agua. Las masas de agua en las que vive esta especie se desplazan desde el Atlántico y penetran en el Golfo de Vizcaya, arrastrando consigo a estos organismos.
Aunque su aspecto recuerda al de una medusa, la carabela portuguesa no lo es. Está formada por una especie de vela gelatinosa de la que cuelgan sus tentáculos y carece de capacidad para nadar, por lo que se desplaza empujada por el viento, las mareas y las corrientes. Su picadura puede provocar un dolor intenso y, en algunos casos, complicaciones graves.
Antes era más frecuente encontrarla en el Cantábrico a finales de agosto o en septiembre, pero este verano lleva ya varias semanas apareciendo en playas del norte. Una tendencia que, según el experto, podría continuar conforme cambien las condiciones del Cantábrico.




