Las cosquillas parecen entender poco de fronteras. Un estudio realizado con personas de China, Países Bajos y Grecia ha descubierto que las zonas del cuerpo más sensibles coinciden independientemente del origen cultural.
Cuello, axilas, abdomen y plantas de los pies aparecen como los grandes puntos débiles. Los investigadores llegaron a esta conclusión tras analizar las respuestas de 448 adultos de entre 18 y 30 años. El 71 % se consideraba, además, moderadamente o muy cosquilloso.
El trabajo, publicado en Nature Human Behaviour, también ha encontrado algo curioso: tendemos a sentir más cosquillas precisamente en aquellas partes del cuerpo que menos se tocan habitualmente. Una observación que ya había planteado Charles Darwin.
Y aunque solemos asociarlas simplemente con la risa, los resultados apuntan a que las cosquillas funcionan de una manera diferente al tacto, el dolor o el placer. Su origen y su función siguen siendo, de hecho, un viejo misterio científico que ya intrigaba a Aristóteles y Sócrates.
Los investigadores creen que detrás de nuestra sensibilidad a las cosquillas hay una combinación de factores sensoriales, fisiológicos y psicológicos. Eso sí, todavía queda por comprobar si ese mismo mapa corporal se mantiene también en otras culturas.
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