Comer es una necesidad básica, pero también puede ser una fuente de placer, encuentro y bienestar. Sin embargo, para muchas personas, sentarse a la mesa se ha convertido en una batalla constante marcada por la culpa, las prohibiciones, las compensaciones y la sensación de no estar haciéndolo nunca lo suficientemente bien.
Julia Palacios aborda esta realidad en Mucho más que pechuga y lechuga, su primer libro, publicado por Bruguera. La farmacéutica y dietista-nutricionista especializada en conducta alimentaria visita KISS FM para presentar una obra que invita a dejar atrás los discursos rígidos sobre nutrición y a recuperar la confianza en el propio cuerpo.
Escucha la entrevista completa de Julián Garvín con Julia Palacios:
Comer bien no debería significar comer con miedo
¿Una ensalada nos convierte automáticamente en personas más saludables? ¿Un postre significa que hemos hecho algo mal? ¿Es necesario compensar una pizza con una sesión de gimnasio?
Estas son algunas de las preguntas que sirven como punto de partida para un libro que analiza hasta qué punto hemos aprendido a dar un valor moral a la comida. Algunos alimentos son considerados “buenos”, “limpios” o “permitidos”, mientras que otros quedan asociados a la culpa, la falta de disciplina o el fracaso.
Frente a esta visión reduccionista, Julia Palacios defiende que la alimentación no puede entenderse únicamente como una suma de calorías, nutrientes o normas externas. También influyen el contexto, las emociones, el cansancio, el estrés, los horarios, la economía, la cultura y la historia personal de cada individuo.
Una mirada crítica a la cultura de la dieta
El título Mucho más que pechuga y lechuga resume uno de los principales mensajes de la obra: alimentarse bien no debería ser sinónimo de monotonía, restricción o sacrificio permanente.
La cultura de la dieta ha conseguido asociar la delgadez con ideas como la salud, el autocontrol, la disciplina o incluso el éxito personal. Como consecuencia, muchas personas pasan años intentando modificar su cuerpo, siguiendo planes imposibles de mantener o sintiéndose culpables cada vez que se alejan de unas reglas demasiado estrictas.
Julia Palacios propone sustituir ese control extremo por una forma de autocuidado más realista, flexible y sostenible. El objetivo no es comer de manera perfecta, sino aprender a tomar decisiones informadas sin que la alimentación ocupe todo el espacio mental.
Recuperar el placer de sentarse a la mesa
Sin recetas milagrosas ni promesas vacías, el libro ofrece herramientas prácticas para comprender mejor las necesidades del cuerpo, organizar la alimentación sin rigidez y volver a incluir el placer y la calma en el menú.
La autora también presta atención a cuestiones como los antojos, la restricción, las señales de hambre y saciedad, la presión estética o la influencia de las redes sociales. Prohibir determinados alimentos puede aumentar su atractivo y hacer que ocupen todavía más espacio en nuestros pensamientos, mientras que normalizarlos puede ayudar a reducir la sensación de ansiedad y pérdida de control.
Porque comer no sirve únicamente para nutrirnos. También comemos para disfrutar, compartir, celebrar, descubrir sabores y conectar con otras personas.
Una nutrición basada en el cuidado, no en el castigo
A lo largo de Mucho más que pechuga y lechuga, Julia Palacios plantea una nutrición alejada del miedo y del castigo. Su propuesta pasa por recuperar el criterio propio, comprender el contexto de cada persona y construir una relación con la comida que pueda mantenerse a largo plazo.
El libro no pretende imponer una nueva lista de normas, sino ayudar al lector a identificar cuáles de las reglas que ha aprendido le resultan realmente útiles y cuáles solo generan frustración, culpa o desconexión con su cuerpo.
Hacer las paces con la comida no significa dejar de cuidar la salud. Significa entender que el cuidado también puede incluir flexibilidad, disfrute, descanso y tranquilidad.
Sobre Julia Palacios
Julia Palacios es farmacéutica y dietista-nutricionista especializada en conducta alimentaria. Su trabajo se aleja de los enfoques normativos y reduccionistas para poner el acento en la comprensión, el contexto y la toma de decisiones informadas. Desde una mirada práctica y sostenible, entiende la nutrición como una herramienta de cuidado y no de control, y apuesta por una divulgación rigurosa, accesible y honesta.




