Cada vez son más los perros, gatos o caballos que participan en terapias dirigidas a personas con ansiedad, depresión, autismo o demencia. Su papel no es sustituir a los profesionales, sino ayudar a que el paciente se sienta más cómodo y participe con mayor facilidad en el tratamiento.
Así lo explica el psicólogo Javier López-Cepero, de la Universidad de Sevilla, quien asegura que los animales «no curan, pero crean las condiciones para hacerlo más rápido».
Según el especialista, la presencia de un animal puede facilitar que una persona empiece a hablar de experiencias difíciles, participe en ejercicios de rehabilitación o afronte con menos estrés una sesión terapéutica.
Los beneficios también se reflejan a nivel físico. Diversos estudios muestran que estar acompañado por un animal de compañía ayuda a reducir la tensión y genera un entorno más relajado para el paciente.
Eso sí, los expertos recuerdan que estas terapias asistidas con animales siempre deben formar parte de un tratamiento dirigido por profesionales y con animales preparados para esta función, garantizando en todo momento su bienestar.




