Paloma Rivero ha pasado por KISS FM para hablar de deporte, emociones, presión y alto rendimiento. Coach especializada en el trabajo mental con deportistas profesionales, defiende una idea cada vez más presente en la élite: la cabeza también se entrena.
En el deporte profesional ya no basta con correr más, levantar más peso, golpear mejor el balón o dominar la táctica. Todo eso importa, por supuesto. Pero hay otra parte del rendimiento que no siempre se ve desde la grada y que, muchas veces, termina marcando la diferencia: la mente.
De eso sabe mucho Paloma Rivero, coach de alto rendimiento especializada en fútbol profesional y en el acompañamiento mental y emocional de deportistas, equipos y organizaciones. En su paso por KISS FM, Rivero explicó cómo trabaja con quienes viven bajo una exigencia constante: jugadores que compiten cada semana, entrenadores que deben tomar decisiones bajo presión, equipos que necesitan cohesión y deportistas que tienen que aprender a convivir con el error, la exposición pública, la lesión o incluso el momento más difícil de todos: la retirada.
La mente también se entrena
El enfoque de Paloma Rivero parte de una premisa sencilla, pero poderosa: el talento físico, técnico o táctico necesita una base mental sólida para sostenerse en el tiempo. En el alto rendimiento, la presión no aparece solo el día del partido. Está en la previa, en la recuperación, en la convivencia con el vestuario, en la gestión de expectativas, en la relación con el entorno y en la capacidad de seguir tomando buenas decisiones cuando todo se acelera.
Por eso, su trabajo se centra en entrenar variables que muchas veces parecen invisibles, pero que tienen un impacto directo en el rendimiento: el foco, la confianza, la claridad mental, el liderazgo, la gestión emocional, la comunicación, la cohesión del grupo y la capacidad de levantarse después del error.
No se trata de motivación vacía ni de frases bonitas. Se trata de acompañar a deportistas y equipos para que puedan competir mejor, sostener la exigencia y construir una relación más sana con su propia carrera.
Del mundo corporativo al vestuario
Antes de centrarse en el alto rendimiento deportivo, Paloma Rivero se formó como abogada y desarrolló una trayectoria vinculada a la consultoría internacional. Ese recorrido le permitió conocer entornos de mucha exigencia, liderazgo y toma de decisiones, una experiencia que después trasladó al mundo del deporte.
Su salto al ámbito deportivo llegó a través del fútbol, donde empezó a trabajar con jugadores, entrenadores y estructuras de equipo. Desde entonces, su perfil se ha ido consolidando alrededor de una idea muy clara: el deporte profesional necesita integrar el trabajo mental y emocional con la misma seriedad con la que se entrena lo físico, lo técnico o lo táctico.
Actualmente, además, Rivero es doctoranda en Psicología, con una línea de investigación centrada en la relación entre emociones y rendimiento deportivo. Esa mezcla entre experiencia práctica, mirada académica y conocimiento del vestuario es una de las claves de su forma de entender el coaching de alto rendimiento.
Presión, confianza y retirada: el otro partido del deportista
Una de las partes más interesantes de su trabajo tiene que ver con todo aquello que el público no siempre percibe. La presión de competir al máximo nivel, la necesidad de rendir cada semana, la exposición mediática, el miedo al error, los cambios de club, las lesiones, la pérdida de confianza o la incertidumbre sobre el futuro.
Paloma Rivero insiste en que el deportista no es solo lo que hace dentro del campo. También es una persona que piensa, siente, duda, se bloquea, se ilusiona, se exige y, en algún momento, debe prepararse para una vida más allá de la competición.
Por eso, uno de los temas que más peso tiene en su discurso es la retirada. Para muchos deportistas, dejar de competir no es simplemente cerrar una etapa profesional. Es reconstruir una identidad. Durante años han vivido definidos por un resultado, un dorsal, un vestuario o una rutina de entrenamiento. Cuando todo eso desaparece, empieza otro partido: el de encontrar sentido, propósito y herramientas para trasladar lo aprendido en la élite a una nueva vida.
Equipos más conscientes y líderes más preparados
El trabajo de Rivero no se limita al acompañamiento individual. También desarrolla procesos con equipos deportivos, clubes, cuerpos técnicos y organizaciones que buscan mejorar su cultura interna. En ese terreno, el foco está en la confianza, la comunicación, la claridad de roles, la gestión emocional colectiva y el liderazgo compartido.
Porque un equipo no funciona solo por acumular talento. Necesita vínculos, objetivos comunes, una forma sana de gestionar la presión y una cultura que permita competir sin romperse por dentro.
Esa mirada también conecta con el mundo de la empresa, donde cada vez se habla más de alto rendimiento, liderazgo emocional, resiliencia, toma de decisiones y trabajo en equipo. El deporte, en ese sentido, se ha convertido en un espejo muy potente para entender cómo funcionan los grupos humanos cuando hay presión, objetivos ambiciosos y necesidad de resultados.
El deporte que no se ve
En su conversación en KISS FM, Paloma Rivero puso sobre la mesa una realidad que cada vez gana más espacio: el rendimiento no depende solo del cuerpo. También depende de la cabeza, de las emociones y de la capacidad de una persona para conocerse mejor.
El deportista de élite entrena cada detalle: alimentación, descanso, fuerza, técnica, táctica, recuperación. Pero durante mucho tiempo, la parte mental quedó relegada a un segundo plano, como si la confianza, la calma o la capacidad de gestionar la presión fueran cualidades espontáneas.
El trabajo de profesionales como Paloma Rivero ayuda precisamente a cambiar esa mirada. Porque competir mejor también significa entender qué ocurre por dentro. Y porque, en el deporte como en la vida, muchas veces la gran diferencia no está solo en lo que se ve, sino en cómo se sostiene todo aquello que no se ve.




