Las palomas mensajeras llevan décadas desconcertando a la ciencia por su capacidad para volver a casa tras recorrer cientos de kilómetros. Ahora, un nuevo estudio apunta a un lugar inesperado: el hígado.
Un equipo internacional de científicos ha descubierto que estas aves tienen unas células inmunitarias llamadas macrófagos capaces de acumular hierro y detectar el campo magnético terrestre, funcionando como una especie de brújula interna.
Hasta ahora, las teorías situaban ese “GPS natural” en los ojos, el pico o el cerebro, pero ninguna había logrado demostrarlo con claridad. Según el estudio, publicado en Science, cuando las palomas pierden estas células les cuesta mucho más orientarse, sobre todo en días nublados, cuando no pueden guiarse por el sol.
Los investigadores creen que este hallazgo podría ayudar también a entender cómo otros animales, como algunos tiburones, consiguen orientarse durante sus largos desplazamientos.




