Las personas adultas deberían intentar realizar entre 560 y 610 minutos semanales de actividad física moderada a vigorosa para lograr una reducción sustancial del riesgo de sufrir ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares.
Así lo sugieren las conclusiones de un estudio observacional publicado este miércoles en la revista British Journal of Sports Medicine.
Esto supone entre tres y cuatro veces más que la recomendación actual de salud pública de que los adultos realicen al menos 150 minutos semanales de ejercicio físico de intensidad moderada a vigorosa, como caminar a paso ligero, correr o montar en bicicleta.
El estudio sugiere que las personas con menor condición física necesitan hacer un poco más de ejercicio que las personas con muy buena forma física para obtener los mismos beneficios cardiovasculares.
Los investigadores afirman que las recomendaciones actuales sobre ejercicio físico, que no se adaptan a las necesidades de todos, podrían tener que modificarse y sustituirse por objetivos personalizados según el nivel de condición física de cada persona.
La aptitud cardiorrespiratoria varía considerablemente y es un importante indicador de la salud cardiovascular. Los investigadores señalan que una baja aptitud cardiorrespiratoria está fuertemente asociada con un mayor riesgo de infartos, accidentes cerebrovasculares y muerte prematura.
VO2 MÁXIMO
Una forma sencilla de evaluar la aptitud cardiorrespiratoria es midiendo el VO2 máximo, que es la tasa máxima de oxígeno que el cuerpo consume y utiliza durante el ejercicio intenso. Esto mide la eficiencia con la que el corazón, los pulmones y los músculos suministran y utilizan el oxígeno.
Investigadores de la Macau Polytechnic University se propusieron analizar cómo los niveles de ejercicio y la aptitud cardiorrespiratoria, medida mediante el VO2 máximo, afectaban al riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.
El estudio incluyó datos de 17.088 personas que participaron en un estudio del Biobanco del Reino Unido entre 2013 y 2015. La edad promedio fue de 57 años, el 56% eran mujeres y el 96% de raza blanca.
Los participantes del estudio llevaron un dispositivo en la muñeca durante siete días consecutivos para registrar sus niveles habituales de ejercicio y completaron una prueba de ciclismo para medir su VO2 máximo estimado.
En el análisis también se incluyeron datos sobre el hábito de fumar, el consumo de alcohol, la salud y la dieta percibidas, el índice de masa corporal, la frecuencia cardíaca en reposo y la presión arterial.
Durante un periodo de seguimiento promedio de 7,8 años, se registraron 1.233 eventos cardiovasculares, entre ellos 874 casos de fibrilación auricular, 156 infartos de miocardio, 111 insuficiencias cardíacas y 92 accidentes cerebrovasculares.
“MAYOR DESAFÍO”
El estudio revela que los adultos que cumplieron con la recomendación de 150 minutos de ejercicio a la semana experimentaron una modesta reducción de entre un 8% y un 9% en el riesgo cardiovascular. Este resultado se mantuvo constante en todos los niveles de condición física.
Para lograr una protección sustancial, definida como una reducción del riesgo superior al 30%, se requerían entre 560 y 610 minutos de ejercicio moderado a vigoroso a la semana. Sin embargo, este nivel de ejercicio solo lo alcanzó un 12% de las personas que participaron en el estudio.
El análisis revela que las personas con menor condición física necesitaban entre 30 y 50 minutos adicionales por semana en comparación con aquellas con mayor condición física para lograr beneficios equivalentes.
Por ejemplo, para lograr una reducción de un 20% en el riesgo de eventos cardiovasculares, se necesitaron 370 minutos de ejercicio moderado a vigoroso para las personas con menor condición física, en comparación con 340 minutos para aquellas con mayor condición física.
«Este hallazgo pone de relieve el mayor desafío al que se enfrentan las poblaciones con bajo nivel de condición física», apuntan los investigadores.
Redacción · Servimedia
Fotografía · Getty Images




