Casi la mitad de los conductores con miedo o ansiedad en la conducción -concretamente, un 49,1%– tira la toalla y renuncia a ponerse ante el volante, una circunstancia que se da sobre todo en mujeres, de 41 a 50 años y que se produce principalmente por la manera de conducir de los demás.
Estas son algunas conclusiones del ‘Estudio sobre la amaxofobia. El miedo a conducir: naturaleza, perfiles y tratamiento’, elaborado por la Fundación CEA y la Fundacion Ibercaja, y presentado este martes en una rueda de prensa en Mobility City, en Zaragoza, por Ignacio Calvo, psicólogo especialista.
El estudio se basa en una encuesta a 1.004 personas, mayores de edad, con carné de conducir y con algún tipo de dificultad relacionada con la ansiedad en la conducción, es decir, amaxofobia. Este análisis actualiza otro informe llevado a cabo por la Fundación CEA en 2018.
Una de las principales conclusiones es que casi la mitad de las personas consultadas (49,1%) no conduce actualmente, mientras que una de cada cuatro (26,4%) lo hace en determinadas circunstancias o conduce habitualmente (24,5%). El estudio muestra una mayor relación entre más ansiedad y menos conducción.
La franja de edad más habitual de quienes tienen miedo o ansiedad ante el volante es la de 41 a 50 años (24,8%) y las mujeres (60,7%) son mayoría frente a los hombres.
La ansiedad es mayor entre los grupos más jóvenes, vinculada a la inseguridad, la falta de experiencia y la consolidación incompleta de la confianza al volante. En edades intermedias, el problema puede mantenerse o reactivarse en relación con experiencias previas, el estrés acumulado o la evitación progresiva en la conducción.
BUSCAR AYUDA
Por otro lado, un 41,3% de las personas consultadas conduce diariamente y el 62,6% ha dejado de hacerlo durante un periodo prolongado, sobre todo entre dos y cinco años.
La principal causa asociada al miedo a conducir es por la manera de conducir de los demás usuarios (65,8%), por delante de la falta de pericia (51,3%), el miedo a desmayarse o a sentir vértigos al volante (34,2%), la información sobre siniestros viales en los medios de comunicación (33,6%), la influencia de familiares o conocidos (30,5%) y haber sufrido un siniestro de tráfico (29,5%).
Así, la ansiedad en la conducción no se explica solo por haber tenido un siniestro, sino que en muchos casos está más relacionado con la percepción de amenaza, la inseguridad personal, la conducta imprevisible de otros conductores o experiencias indirectas de peligro.
Casi la mitad (49,9%) ha buscado ayuda para tratar el miedo al volante, sobre todo a familiares (23,6%), autoescuelas (17,5%), psicoterapeutas (16,6%), internet (15,9%) o medicinas (15,9%). Sin embargo, el 59,3% confiesa que sirvió de poco y un 23,1%, que no fue nada útil.
Según el informe, esto apunta a la necesidad de desarrollar abordajes más específicos y eficaces para la ansiedad en la conducción, es decir, no basta con recomendar práctica, acompañamiento o exposición informal.
ABORDAJE AMPLIO
El estudio también evalúa la intensidad de la ansiedad mediante el Cuestionario para la Evaluación de la Amaxofobia en Conductores (Cemic), con una puntuación teórica de 15 a 60.
Las personas sondeadas tienen una media Cemic de 42,2 sobre 60, es decir, están en un rango medio-alto. El 62,3% tienen niveles medio-altos o altos de ansiedad en la conducción.
“Es necesario seguir avanzando en la visibilización, evaluación y tratamiento de la amaxofobia o ansiedad en la conducción”, apuntó el presidente de CEA España LegalTech & Mobility, Rafael Fernández-Chillón, quien subrayó que existe “un problema en el conjunto de la sociedad española que tiene un impacto relevante sobre la autonomía personal, la seguridad vial y la calidad de vida de numerosas personas”.
Fernández-Chillón recomendó abordar la amaxofobia “desde una perspectiva amplia, rigurosa y aplicada”, evitando tratarla como una simple falta de práctica al volante o como una debilidad personal. “Se trata de una dificultad psicológica compleja que afecta de forma intensa a la vida cotidiana de numerosas personas”, apostilló.
Por ello, defendió que la intervención debe combinar “el conocimiento clínico, la formación vial especializada y la sensibilización social”, con el objetivo de ayudar a las personas afectadas por la amaxofobia a recuperar la seguridad, la confianza y su autonomía al volante.
Por su parte, el jefe de Área de Mobility City, Jaime Armengol, consideró “importante que los conductores se sientan seguros y, sin perder el respeto a la carretera, venzan sus temores”. “Además de mejores coches y carreteras, necesitamos conductores mejor preparados y concienciados para reducir los riesgos en nuestros desplazamientos en coche”, señaló.
Redacción · Servimedia
Fotografía · Getty Images




