Hay libros que no se leen solo con los ojos. Se leen con algo más incómodo, más profundo, más difícil de nombrar. Siete maneras de arder, de Alejandra Cortina Cué, es uno de esos títulos que invitan al lector a entrar en un territorio donde la poesía se mezcla con la filosofía, la tradición religiosa, el arte y las zonas más ambiguas del deseo humano.
Publicado por Editorial Cántico dentro de la colección Doble Orilla Poesía, este poemario ilustrado de 240 páginas propone un recorrido por los siete pecados capitales, no como una simple lista moral o religiosa, sino como una forma de explorar aquello que nos mueve, nos contradice y nos revela. La obra parte de un imaginario poderoso, con ecos de Dante, El Bosco, el Eclesiastés y la tradición teológica medieval, para construir una mirada contemporánea sobre la culpa, la tentación, la belleza y la necesidad de encontrar sentido incluso en aquello que nos desordena.
Mira la entrevista que Julián Garvín ha tenido con la autora:
En Siete maneras de arder, la lujuria, la soberbia, la envidia, la ira, la pereza, la gula y la avaricia dejan de ser únicamente condenas para convertirse en territorios emocionales. Cada pecado funciona como una puerta de entrada a una forma distinta de mirar el mundo y de mirarse a uno mismo. Alejandra Cortina no se limita a señalar el conflicto entre el bien y el mal, sino que se adentra en los matices: en esa atracción perturbadora hacia lo prohibido, en el deseo de comprender lo que arde por dentro y en la tensión entre la salvación y la vida entendida como impulso.
Uno de los grandes atractivos del libro está precisamente en su ambición estética. La autora convoca referencias clásicas, religiosas y artísticas, pero lo hace desde una sensibilidad joven, actual y profundamente personal. El resultado es una obra que dialoga con la pintura, con la literatura, con la filosofía y con la espiritualidad, pero también con las inquietudes de una generación que ya no acepta sin más los viejos sistemas morales y necesita volver a formular sus propias preguntas.
La presencia de El Bosco, y en especial de ese universo visual en el que lo sagrado y lo monstruoso conviven, sobrevuela todo el libro. También lo hace una idea muy poderosa: la de que todos llevamos dentro zonas oscuras que no siempre buscan ser castigadas, sino comprendidas. La poesía aparece aquí como una forma de conocimiento, como una manera de mirar de frente aquello que normalmente preferimos esconder.
Siete maneras de arder es, además, un debut literario llamativo por su madurez. Alejandra Cortina Cué irrumpe en la poesía con una propuesta intensa, culta y visual, escrita originalmente en inglés y traducida al español por la propia autora. Esa doble dimensión lingüística refuerza la sensación de estar ante una voz que nace ya atravesada por distintas tradiciones, distintos ritmos y distintas formas de entender la palabra poética.
No es un libro complaciente ni busca serlo. Su fuerza está en la incomodidad, en la belleza oscura, en la capacidad de convertir los pecados en espejos. Porque quizá ese sea el verdadero centro de la obra: no tanto juzgar lo que somos, sino observarlo con una lucidez casi brutal. Leer Siete maneras de arder es aceptar una invitación a descender, a mirar, a reconocer en la poesía una forma de incendio íntimo.
Sobre la autora

Alejandra Cortina Cué nació en Madrid en 2006. Desde muy joven ha desarrollado una marcada sensibilidad literaria y visual, con especial interés por la literatura en lengua inglesa, la fotografía y el pensamiento filosófico. Entre sus referentes aparecen nombres como Nietzsche, Nabokov o Goethe, influencias que ayudan a comprender la densidad estética e intelectual de un libro con el que debuta en el panorama poético español.




