La maternidad en España se retrasa de forma sostenida y ya refleja un cambio estructural en los hábitos reproductivos. Según los datos citados del INE, el 10,4% de los nacimientos corresponde a madres de 40 años o más, mientras que la edad media para tener el primer hijo se sitúa en 32,6 años.
Uno de los factores más determinantes es el acceso a la vivienda. La dificultad para emanciparse y consolidar una vida independiente empuja muchas decisiones familiares hacia etapas más tardías. En España, la edad media de emancipación ronda los 30 años, y el acceso a la propiedad se retrasa hasta los 41,8 años, una brecha que condiciona directamente el momento en el que muchas personas se plantean la maternidad o la paternidad.
Este retraso también tiene una lectura médica. La doctora Mª José Martínez Cañavate, de Ginemed Madrid, explica que la reserva ovárica disminuye con la edad y que, a partir de determinados momentos, no solo cae la cantidad de óvulos disponibles, sino también su calidad, lo que puede dificultar un embarazo espontáneo y obligar a recurrir a apoyo médico.
La consecuencia es un proceso reproductivo más planificado y, en muchos casos, más complejo. A mayor edad, aumentan las dificultades de concepción, la complejidad de los tratamientos y la incertidumbre sobre los resultados, algo que puede tener un impacto físico y emocional añadido para las pacientes.
El debate ya forma parte del entorno social más cercano. Según el estudio de Ginefiv citado en el texto, el 52% de las mujeres españolas afirma conocer a alguien con problemas para lograr un embarazo, y un 51% acudiría a una clínica especializada si tuviera dificultades para concebir.
Los especialistas subrayan además que la conversación pública sobre fertilidad es hoy más abierta, lo que ayuda a romper tabúes, aunque también evidencia una realidad: la maternidad se ha vuelto más tardía, más vigilada médicamente y más cargada de presión emocional.
Redacción (Agencias)




