En pleno corazón de Córdoba, frente a la Mezquita-Catedral y en uno de esos rincones donde la historia parece quedarse flotando en el aire, El Horno de Mel se ha convertido en mucho más que un restaurante: es una experiencia para saborear la ciudad con calma, con emoción y con los cinco sentidos despiertos.
Ubicado en la calle Torrijos, número 10, dentro del histórico Palacio de Congresos de Córdoba, El Horno de Mel ocupa parte del antiguo Hospital de San Sebastián, un edificio levantado entre los siglos XV y XVI y cargado de memoria. Sus paredes fueron en otro tiempo despensa y bodega de aquel hospital, y hoy conservan esa esencia especial que convierte cada comida en algo más que una simple visita gastronómica.
escucha aquí nuestra entrevista con «el alma» del establecimiento. Hablamos con Melbises Ceballos sobre todo lo que aporta este restaurante a la gastronomía cordobesa:
Al frente del proyecto está Melbises Ceballos, propietaria, chef pastelera y directora creativa de El Horno de Mel. Formada en el Basque Culinary Center, Melbises ha construido una propuesta que mira a la tradición cordobesa con respeto, pero también con personalidad contemporánea. Su cocina habla de producto, de cercanía, de técnica y de sensibilidad; de platos pensados para emocionar sin perder nunca el vínculo con la tierra.
La carta de El Horno de Mel combina sabores reconocibles de Córdoba con un toque creativo y muy cuidado. En ella conviven entrantes como el salmorejo cordobés con paleta ibérica y huevo duro, las berenjenas fritas con miel de caña y queso de cabra, la mazamorra de anacardos con queso azul y pera o las croquetas caseras de salchichón ibérico. También hay espacio para propuestas del mar, carnes con identidad cordobesa como el rabo de toro, el flamenquín o la presa ibérica, y una selección de postres artesanales que refleja la especial sensibilidad de Melbises por la repostería.
El producto local ocupa un lugar protagonista en la filosofía del restaurante. El cerdo ibérico 100% de bellota del Valle de Los Pedroches, los vinos de Montilla-Moriles y los sabores andaluces aparecen como parte natural de una propuesta que no busca disfrazar la tradición, sino elevarla con mimo. Incluso la vajilla suma al relato: piezas creadas por Ivanrós e inspiradas en la cerámica califal, pensadas para acompañar la experiencia sin robar protagonismo al plato.
El BRUNCH estrella de Córdona
Pero El Horno de Mel también ha sabido convertirse en una parada especial para quienes buscan un buen brunch en Córdoba. Su propuesta combina tostadas personalizables, zumos naturales, café, yogur con fruta y granola, dulces artesanos y una versión Brunch Plus con tabla de quesos, croissant y cava. Además, cuenta con opción sin gluten, una muestra más de esa voluntad de cuidar los detalles y hacer que todo el mundo pueda disfrutar de la experiencia.
Comer en El Horno de Mel es hacerlo en un lugar con alma. El entorno ayuda: la Judería, la cercanía de la Mezquita-Catedral, la historia del edificio, el patio, las bóvedas, la luz y esa sensación de estar dentro de una Córdoba íntima, monumental y acogedora. Es un restaurante para turistas que quieren llevarse un recuerdo bonito de la ciudad, pero también para cordobeses que desean reencontrarse con su propia gastronomía desde otra mirada.
Además de su servicio diario, El Horno de Mel ofrece la posibilidad de celebrar eventos privados y profesionales en un espacio singular. Comidas de empresa, reuniones, presentaciones, encuentros familiares o celebraciones especiales encuentran aquí un escenario con carácter, acompañado por un equipo que personaliza cada propuesta desde el menú hasta la ambientación.
En la entrevista que acompaña estas líneas, Melbises Ceballos nos abre las puertas de El Horno de Mel y nos cuenta cómo nace este proyecto, qué significa cocinar en un enclave tan especial y de qué manera la tradición cordobesa puede seguir creciendo sin perder su esencia.
Porque hay restaurantes que se visitan, restaurantes que se recomiendan y restaurantes que se recuerdan. Y El Horno de Mel pertenece a esa última categoría: la de los lugares que no solo dan de comer, sino que cuentan una historia.




