Cenar tarde, sobre todo después de las 21.00 horas, podría estar mermando la salud intestinal de muchas personas, especialmente si se combina con estrés crónico. Una investigación presentada en la Semana de las Enfermedades Digestivas (DDW) 2026 revela que consumir más del 25 % de las calorías diarias por la noche multiplica el riesgo de sufrir diarrea o estreñimiento hasta un 150 %. El estudio, liderado por la doctora Harika Dadigiri del New York Medical College, apunta a un “efecto multiplicador” entre el estrés fisiológico y los horarios de alimentación nocturnos.
La investigación se basa en el análisis de más de 11.000 participantes de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición, además de alrededor de 4.000 individuos del American Gut Project. Los datos muestran que quienes presentan alta carga de estrés y cenaban tarde tenían hasta un 70 % más de probabilidades de padecer trastornos digestivos, mientras que, en otros grupos, el riesgo se elevaba hasta un 150 %. Además, estos participantes presentaban una menor diversidad de microbiota intestinal, lo que apunta a una alteración del eje intestino‑cerebro, el sistema de comunicación entre el aparato digestivo y el sistema nervioso.
Aunque el estudio es observacional y no demuestra causa directa, refuerza la importancia de la llamada crononutrición, es decir, la idea de que el momento en el que se come influye en cómo el cuerpo procesa los alimentos. Dadigiri recomienda evitar picoteos nocturnos repetidos y mantener una rutina alimentaria más estructurada, sin renunciar por completo a pequeños placeres como el helado, pero incorporándolos a horas más tempranas del día. El mensaje es claro: cuidar el reloj de la cena puede ser tan importante como cuidar lo que se pone en el plato.
Redacción (Agencias)




