Un estudio de la Escuela IMT de Estudios Avanzados de Lucca, en Italia, apunta a que los sueños intensos e inmersivos pueden mejorar la calidad del descanso y la percepción de un sueño profundo, incluso cuando la actividad cerebral presenta variaciones durante la noche.
La investigación, dirigida por el profesor Giulio Bernardi, analizó 196 registros nocturnos de 44 adultos sanos monitorizados en laboratorio. Los participantes fueron despertados en múltiples ocasiones para evaluar sus experiencias oníricas y su sensación de descanso.
Los resultados muestran un patrón claro: quienes experimentaban sueños vívidos o inmersivos, o incluso ausencia de experiencia consciente, percibían su sueño como más profundo y reparador. Según Bernardi, estos sueños actúan como un “amortiguador” entre el entorno y la mente, ayudando a mantener la sensación de descanso.
Durante la fase REM, el cerebro desarrolla un papel activo en el que procesa emociones, organiza recuerdos y regula su funcionamiento. Así lo explica la especialista en trastornos del sueño Saema Tahir, quien subraya que los sueños no son un simple efecto del dormir, sino un proceso estructurado y funcional.
Los llamados sueños inmersivos suelen incluir detalle sensorial, narrativa y resolución emocional, lo que se traduce en una sensación de despertar más ligero, renovado e incluso inspirado.
Los expertos apuntan a varios factores que pueden mejorar la calidad de los sueños:
El estudio concluye que la calidad del descanso no depende únicamente de parámetros físicos, sino también de la experiencia subjetiva del sueño, en la que los sueños desempeñan un papel clave.
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