Pasar la noche dando vueltas en la cama no solo deja cansancio: también altera el metabolismo. El cuerpo produce más grelina, la hormona que abre el apetito, y reduce la leptina, la que aporta saciedad. Resultado: antojos constantes y energía que sube y baja como una montaña rusa.
Aunque lo más fácil sea tirar de cafés y azúcares, los nutricionistas insisten: esa elección solo empeora el problema y complica el descanso de la noche siguiente. La clave está en ajustar la alimentación para que el organismo recupere el equilibrio natural.
Los alimentos que ayudan tras dormir mal
Para compensar la falta de sueño conviene apostar por productos que regulen el ánimo y estabilicen el nivel de energía durante el día. Algunos aliados son:
- Cereales integrales con yogur y frutos rojos en el desayuno: antioxidantes y probióticos para empezar con fuerza.
- Frutos secos, ricos en magnesio y grasas saludables, ideales como tentempié.
- Proteínas magras como pollo o pavo acompañadas de aguacate y verduras, que aportan fibra y saciedad.
- Frutas como el plátano, con potasio y triptófano, perfectas para calmar el cuerpo en la merienda.
- Pescados grasos (salmón, atún o sardinas) para la cena, junto a vegetales y un vaso de leche que favorezca la producción de melatonina.
Qué evitar
Los expertos recomiendan dejar a un lado los refrescos azucarados, las grasas pesadas y el exceso de café. Aunque parezcan soluciones rápidas, solo generan más irritabilidad y dificultan conciliar el sueño al final del día.
Dormir mal es inevitable de vez en cuando, pero lo que pongas en el plato puede marcar la diferencia entre arrastrar el cansancio todo el día o darle al cuerpo la oportunidad de recuperarse.




