Un estudio publicado en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences‘, realizó un análisis de piroclasto o tefra (ceniza volcánica) que estaba en núcleos de hielo del Ártico y vinculó un periodo de clima extremo no explicado hasta ahora en el Mediterráneo con la erupción del volcán Okmok en el año 43 a.C.

En la época de la muerte de Julio César, en el año 44 a.C., las fuentes escritas describen un periodo de clima inusualmente frío, malas cosechas, hambruna, enfermedad y disturbios en la región mediterránea, impactos que contribuyeron al inicio de la caída de la República romana y de la dinastía ptolemaica en Egipto. Los historiadores han sospechado durante mucho tiempo que ello pudo deberse a un volcán, pero hasta ahora no se ha podido determinar dónde o cuándo se había producido una erupción.

 

El descubrimiento se realizó inicialmente en un laboratorio del Instituto de Investigación del Desierto, cuando McConnell y Michael Sigl, del Centro Oeschger para la Investigación del Cambio Climático de la Universidad de Berna (Suiza) se toparon con una capa de piroclasto inusualmente bien conservada en una muestra de núcleo de hielo y decidieron investigar.

Según sus hallazgos, los dos años posteriores a la erupción del Okmok fueron algunos de los más fríos en el hemisferio norte durante los últimos 2.500 años y la década que siguió fue la cuarta más fría. Los modelos climáticos sugieren que las temperaturas promediadas estacionalmente pudieron haber sido de hasta 7°C por debajo de lo normal durante el verano y el otoño que siguieron a la erupción del Okmok en el año 43 a.C.

Redacción (Agencias)