¡Vuelve el casete!

El holandés Thomas Baur, un ingeniero que se resiste a la muerte de los medios analógicos de grabación de audio, abrirá la única fábrica de cintas de casete del Benelux y recuperará un formato que define como “fascinante” y que representa a varias generaciones.

“No tengo ninguna intención de competir con la tecnología moderna. Quiero ofrecer un producto conocido y familiar a las personas que están abiertas a ello. Más y más personas están hoy dispuestas a recuperar la cinta de casete”, explicó hoy a Efe Thomas Baur, de 35 años, que será el director de esta fábrica.

El casete compacto es un desarrollo holandés por origen: en 1963, el ingeniero neerlandés Lou Ottens, que trabajaba entonces para la compañía Philips, elaboró este sistema, especialmente por la presión de la competencia con Sony y por la frustración de los “torpes” carretes de bobina que eran comunes en ese tiempo.

La idea era poner los carretes de bobina en una pequeña caja para que el usuario pudiera reemplazarlos fácilmente, sin necesidad de rebobinar.

“Debido a su origen holandés, también me siento un poco obligado a mantener esta parte de nuestra cultura intacta y seguir produciendo cintas”, asegura.

El dueño de la compañía Duplicase, que también fabrica CDs y DVDs, quiso deshacerse de toda la maquinaría con la que producía los casetes porque ya no era rentable, y por ello, Baur se quedó con todo el material para abrir su nueva empresa.

Su nueva fábrica, “Bandjesfabriek” (La Fábrica de Casete, en neerlandés), es la única que producirá este tipo de cintas en Holanda, Bélgica y Luxemburgo (Benelux).

Aún sobrevive la fábrica de casetes más grande del mundo: la estadounidense National Audio Company, y Baur está en constante contacto con la misma para trabajar juntos y “recuperar la cinta de vuelta al mundo” de las futuras generaciones, dice.

“El casete es increíblemente fácil de usar y es divertido. Representa una parte icónica del desarrollo del siglo XX y a la música de las generaciones de los sesenta, setenta y ochenta. Para cualquiera que esté interesado en eso, el casete es un mundo fascinante por descubrir”, comenta.

Baur recuerda que creció con los casetes, grabó “música de la radio” y usó un micrófono para grabarse “como un joven DJ”, lo que hace que sienta “conexión con los casetes como las generaciones más jóvenes lo están con los iPods”.

Los casetes no solo le permiten escuchar música, subraya, sino que también le “suministran emoción y recuerdos”, porque grabar un casete es un proceso que incluye “un cuándo y un para quién” se grabó.

Redacción (Agencias)