Un chapuzón que va más allá del deporte

Aprender a nadar desde pequeños no solo mejora la seguridad y la forma física: también puede adelantar hasta 18 meses algunos hitos académicos y favorecer las relaciones sociales.

Ir a clases de natación desde pequeños podría tener muchos más beneficios de los que imaginamos. Y no hablamos únicamente de aprender a mantenerse a flote o mejorar la condición física. Un estudio apunta a que los niños que practican natación a edades tempranas también pueden desarrollar antes determinadas habilidades académicas, lingüísticas y sociales.

La investigación, desarrollada durante cuatro años por Robyn Jorgensen, profesora emérita de la Universidad de Canberra (Australia), contó con cerca de 7.000 participantes encuestados y la evaluación individual de 177 niños. Sus conclusiones forman parte de su nuevo libro, Por qué los niños pequeños deberían aprender a nadar.

Hasta 18 meses de ventaja en el aprendizaje

Uno de los datos más llamativos del estudio es que los menores de cinco años que participan en actividades de natación pueden situarse entre cinco y 18 meses por delante de otros niños de su misma edad en aspectos como la alfabetización, las matemáticas básicas y la capacidad para seguir instrucciones.

Eso sí, la investigadora aclara que esto no significa que los pequeños que nadan sean más inteligentes, sino que las clases trabajan habilidades que después pueden trasladarse al entorno escolar.

Por ejemplo, contar las patadas del uno al diez mientras siguen las indicaciones de un monitor ayuda a familiarizarse con los números, las secuencias y la concentración. Además, estas actividades pueden contribuir al desarrollo del lenguaje y a una mejor regulación emocional.

El problema: no todas las familias pueden permitírselo

Aunque los beneficios parecen claros, existe un obstáculo importante: el precio de las clases de natación sigue siendo una barrera para muchas familias. Con los presupuestos domésticos cada vez más ajustados, esta actividad puede acabar desapareciendo de la lista de gastos.

La situación es especialmente complicada en países como Estados Unidos, China, Singapur, Australia, Brasil y Sudáfrica, donde las dificultades económicas y geográficas limitan el acceso a este deporte.

En algunas zonas rurales de Australia, por ejemplo, hay familias que deben recorrer cientos de kilómetros para encontrar una piscina.

Por eso, Jorgensen defiende que las administraciones públicas deberían implicarse más y facilitar ayudas o programas específicos para que los niños de familias con menos recursos también puedan disfrutar de estas clases.

La conclusión es clara: la natación puede ser mucho más que una actividad extraescolar. Además de enseñar a los pequeños a desenvolverse en el agua, puede convertirse en una herramienta para acompañar su aprendizaje y desarrollo desde los primeros años de vida.

Redacción (Agencias).