Del Día de Todos los Santos al Día de Muertos: memoria, tradición y color entre España y México

El 1 de noviembre marca una de las fechas más espirituales e importantes en el mundo hispanohablante. Mientras en España el Día de Todos los Santos es una jornada de recogimiento, visitas a los cementerios y recuerdo a los seres queridos que ya no están, en México la festividad adquiere una dimensión vibrante llena de color, simbolismo y una conexión única con la memoria de los difuntos.

El origen del Día de Todos los Santos en España

El origen de esta tradición en España se remonta al siglo IX, cuando la Iglesia católica, impulsada por el Papa Gregorio IV, fijó el 1 de noviembre para honrar a todos los santos y mártires que no tenían una fecha propia en el calendario. A esta conmemoración se sumó en el siglo X el Día de los Fieles Difuntos (2 de noviembre) para orar por el descanso de las almas. Con los siglos, la costumbre derivó en la tradición española de acudir a los cementerios y adornar las tumbas con flores, acompañada de repostería típica de otoño como los huesos de santo y los buñuelos de viento.

El primer día de celebración en México: dedicado a los niños

Esta raíz católica viajó a México en el siglo XVI, fusionándose con la cosmovisión prehispánica del Mictlán. Allí, las festividades comienzan oficialmente el 1 de noviembre con el primer día dedicado a los niños, conocido como el Día de los Inocentes o de los ‘angelitos’. Es la jornada reservada exclusivamente para dar la bienvenida a las almas de los más pequeños, que son las primeras en regresar para disfrutar de los altares preparados especialmente para ellos con juguetes, dulces y flores de cempasúchil (plantas emblemáticas de México, conocida por su color amarillo/naranja tan característico), antes de dar paso el 2 de noviembre al recuerdo de los adultos.

Qué significado tiene la flor de cempasúchil? Conoce la leyenda
Flores de cempasúchil

Un desfile multitudinario entre la tradición y la identidad

En la Ciudad de México, esta festividad se vive intensamente en las calles. La décima edición del Gran Desfile de Día de Muertos reunió a más de 1,6 millones de asistentes y 4.000 artistas a lo largo de Paseo de la Reforma hasta el Zócalo, donde se instaló una Catrina monumental de más de 33 metros de altura y récord Guiness. La jornada rindió homenaje a grandes iconos culturales como el cantante Juan Gabriel y el cineasta Emilio ‘Indio’ Fernández.

A pesar del impacto económico y la creciente proyección turística internacional, los habitantes locales defienden con orgullo el valor espiritual y profundo de la tradición. Nacida del sincretismo entre las raíces católicas traídas desde España en el siglo XVI y las visiones prehispánicas sobre el Mictlán, el Día de Muertos sigue recordando que la memoria de quienes se fueron es, ante todo, un motivo para celebrar la vida.

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Catrina de 33 metros

Redacción