Para muchos es imprescindible nada más levantarse, pero los efectos del café podrían ir bastante más allá de mantenernos despiertos. Distintas investigaciones han relacionado su consumo habitual con cambios en la microbiota intestinal y con procesos vinculados a la inflamación.
Una de las claves está precisamente en los millones de microorganismos que viven en nuestro intestino. Algunos son capaces de metabolizar compuestos presentes en el café y su consumo parece favorecer especialmente a determinadas bacterias.
Un estudio publicado en Nature Microbiology encontró una relación especialmente clara con Lawsonibacter asaccharolyticus. Esta bacteria aparecía en mayor cantidad entre las personas que consumían café habitualmente y los investigadores comprobaron también en el laboratorio que el café podía estimular su crecimiento.
¿Qué ocurre cuando dejamos de tomarlo?
Otra investigación publicada en 2026 ha aportado una pista interesante. Los científicos encontraron diferencias en la microbiota y en los metabolitos intestinales de quienes bebían café frente a quienes no lo hacían.
Además, algunos de esos cambios desaparecieron después de dos semanas sin tomar café y volvieron al reintroducirlo, lo que refuerza la relación entre esta bebida y la actividad de nuestras bacterias intestinales.
El interés no está únicamente en la cafeína. La microbiota participa en procesos relacionados con el sistema inmunitario, la barrera intestinal y la regulación de la inflamación, de ahí que los científicos estén estudiando qué papel pueden tener los distintos componentes del café.
Eso sí, los resultados no convierten una taza de café en un tratamiento ni significan que todo el mundo deba aumentar su consumo. Lo que muestran es algo bastante más interesante: esa taza que forma parte de la rutina de millones de personas también parece interactuar con el pequeño ecosistema que llevamos dentro.




