Una investigación liderada por ISGlobal concluye que la contaminación durante la infancia podría aumentar el riesgo de desarrollar síndrome metabólico, especialmente en el entorno escolar.
La calidad del aire que respiran los más pequeños podría tener consecuencias mucho más importantes de lo que se pensaba. Un estudio europeo liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) revela que una mayor exposición a la contaminación atmosférica durante la infancia puede aumentar el riesgo de desarrollar síndrome metabólico, un conjunto de alteraciones que favorecen la aparición de enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2 en la edad adulta.
La investigación, publicada en la revista Environmental Research, analizó a 1.147 niños y niñas de entre 6 y 11 años de Francia, Grecia, Lituania, Noruega, España y Reino Unido, dentro del proyecto Helix. Los científicos evaluaron su exposición a dos de los principales contaminantes del aire, las partículas PM2,5 y el dióxido de nitrógeno (NO₂), tanto en el hogar como en el colegio y durante sus desplazamientos.
Uno de los hallazgos más llamativos es que el riesgo fue mayor en el entorno escolar que en el doméstico. Aunque los niveles de contaminación eran similares en ambos espacios y, en muchos casos, superaban las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los investigadores creen que los menores podrían ser más vulnerables en el colegio, donde pasan muchas horas y realizan una mayor actividad física.
El síndrome metabólico engloba factores como la obesidad abdominal, la hipertensión, las alteraciones de la glucosa, los niveles elevados de grasa en sangre y la resistencia a la insulina. Todos ellos aumentan significativamente el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares o diabetes en el futuro.
Los expertos apuntan que la contaminación puede desencadenar procesos de inflamación, estrés oxidativo y alteraciones metabólicas, mecanismos que podrían explicar esta relación con el síndrome metabólico.
Para Martine Vrijheid, directora del programa Environment and Health over the Lifecourse de ISGlobal, estos resultados tienen una gran relevancia para la salud pública. «Nuestros resultados refuerzan la necesidad de seguir reduciendo los niveles de contaminación atmosférica para proteger la salud cardiometabólica infantil», concluye la investigadora.
El estudio pone de manifiesto que respirar un aire más limpio durante la infancia no solo ayuda a prevenir problemas respiratorios, sino que también podría ser clave para reducir el riesgo de enfermedades crónicas en la edad adulta.
Redacción (Agencias).




