Puerto Hurraco. El espectáculo del horror, de Luis Roso

Hay nombres que dejan de designar un lugar y acaban convertidos en una etiqueta. Durante más de tres décadas, Puerto Hurraco ha sido para buena parte de la sociedad española mucho más que una pequeña localidad de Badajoz. Su nombre quedó unido para siempre a la violencia, la venganza y aquella imagen tópica de una supuesta “España negra” que parecía condenada a resolver sus conflictos a través de la sangre.

Luis Roso se ha propuesto regresar a aquella historia para separar los hechos del mito. El escritor extremeño ha visitado KISS FM para presentar Puerto Hurraco. El espectáculo del horror, publicado por Ediciones B, un amplio trabajo de no ficción que reconstruye la matanza del 26 de agosto de 1990 y analiza el relato periodístico, literario y audiovisual que comenzó a construirse inmediatamente después.

Julián Garvín charla con el autor sobre este libro. Mira aquí la entrevista:

También puedes escucharla en formato SOLO AUDIO:

La noche que condenó a todo un pueblo

Aquella noche de verano, los hermanos Emilio y Antonio Izquierdo recorrieron las calles de Puerto Hurraco armados con escopetas y dispararon contra vecinos que disfrutaban de las últimas horas del domingo. Nueve personas fueron asesinadas, entre ellas dos niñas, y varias más resultaron heridas. La magnitud del crimen conmocionó a España y convirtió en pocas horas una pequeña pedanía pacense en el centro de todas las miradas.

La tragedia, sin embargo, no terminó con la detención de los autores. Sobre Puerto Hurraco comenzó a levantarse una explicación sencilla, casi novelesca: dos familias enfrentadas durante generaciones, unos asesinos presentados como seres primitivos, unas hermanas señaladas como cerebros de la venganza y todo un pueblo retratado como una comunidad atrasada y dominada por odios ancestrales.

Roso cuestiona esa construcción. Su investigación no pretende rebajar la brutalidad de los hechos ni buscar una disculpa para los asesinos, sino demostrar que una realidad compleja fue transformada en un folletín mucho más fácil de consumir. El crimen era ya suficientemente terrible, pero una parte de su cobertura decidió añadir explicaciones esotéricas, frases sin respaldo documental y personajes reducidos a caricaturas.

El nacimiento del crimen como espectáculo televisivo

Puerto Hurraco coincidió con un momento decisivo para los medios españoles. En 1990 acababan de iniciar sus emisiones las primeras televisiones privadas, inmersas en una lucha por conquistar audiencias. Los enviados especiales llegaron a la comarca, se retransmitieron entierros y se persiguió el testimonio de familiares, vecinos y protagonistas.

Roso presenta el caso como el nacimiento en España de una nueva forma audiovisual de narrar los sucesos. La tragedia dejó de ser únicamente una noticia para convertirse en un contenido que podía seguirse casi en tiempo real. Dos años después, el crimen de Alcàsser llevaría esa deriva hasta extremos que provocaron una reacción social, pero buena parte de sus mecanismos ya estaban presentes en Puerto Hurraco.

Esa reflexión conecta directamente con nuestro presente. Hoy las historias criminales llenan plataformas, documentales, series y pódcast. Han cambiado los formatos y algunos límites éticos, pero permanece la misma fascinación por aquello que rompe violentamente la normalidad. La pregunta que recorre el libro no afecta únicamente al periodismo de 1990: ¿dónde termina el derecho a informar y dónde comienza la explotación del dolor?

Las falsedades que se convirtieron en memoria

Uno de los ejemplos más reveladores analizados por el escritor es el de Luciana y Ángela Izquierdo. Durante años fueron presentadas como las instigadoras que habían convencido a sus hermanos para ejecutar la matanza. Sin embargo, no llegaron a sentarse en el banquillo como acusadas. Pese a ello, aquella versión continuó apareciendo en libros, reportajes, películas y producciones posteriores hasta instalarse como una certeza en el imaginario popular.

La investigación también detecta errores aparentemente menores que revelan una falta de comprobación mucho más profunda. Durante décadas se situó en 1967 un homicidio anterior que enfrentó a las familias Izquierdo y Cabanillas, aunque ocurrió realmente en 1961. La fecha equivocada pasó de unos relatos a otros porque muchos autores se limitaron a reproducir la versión heredada.

Frente a esas narraciones, Roso ha regresado a hemerotecas, archivos y documentos judiciales. También ha comparado la cobertura de la prensa nacional con el trabajo de los corresponsales extremeños. Estos últimos conocían el territorio y a sus habitantes y ofrecieron una mirada, en muchos casos, más próxima y menos inclinada a representar la comarca como el escenario de una tragedia rural de otro tiempo.

Un pueblo condenado dos veces

Puerto Hurraco. El espectáculo del horror habla de los asesinos, de las víctimas y de los antecedentes de la matanza, pero también del estigma que cayó sobre quienes no tuvieron responsabilidad alguna. El pueblo fue golpeado primero por el crimen y después por una imagen pública que terminó reduciendo toda su identidad a aquella noche.

Para Luis Roso, aplicar a la Extremadura de 1990 el tópico de la “España negra” supuso proyectar sobre el mundo rural unos prejuicios que ya no se correspondían con la realidad. Puerto Hurraco no era una aldea aislada del tiempo ni sus habitantes formaban parte de una sociedad ajena a la España democrática. La etiqueta resultaba atractiva porque facilitaba una explicación literaria y reconocible, pero ocultaba cuestiones mucho más difíciles: la desatención de la salud mental, la ausencia de seguimiento social, los conflictos no resueltos y las señales de alarma que no fueron interpretadas a tiempo.

El resultado es una obra que utiliza la crónica criminal para elaborar también una radiografía de la España de comienzos de los años noventa. Una investigación sobre lo sucedido, pero sobre todo sobre la forma en que una sociedad construye sus propios relatos, decide a quién escucha y convierte algunas versiones en verdades aparentemente indiscutibles.

En la entrevista que acompaña a estas líneas, Luis Roso conversa con nosotros sobre el origen del libro, los descubrimientos realizados durante la investigación, los límites éticos del true crime y la responsabilidad de quienes convierten el dolor real en una historia destinada al consumo público.

SOBRE EL AUTOR

Luis Roso nació en Moraleja, Cáceres, en 1988. Es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca y en Filología Inglesa por la Universidad Autónoma de Barcelona, posee un máster en Literatura Española e Hispanoamericana y trabaja como profesor de Secundaria.

Es autor de varias obras de género negro, entre ellas Aguacero, Primavera cruel, Durante la nevada, Todos los demonios y Leyenda de sangre. Su anterior trabajo de no ficción, El crimen de Malladas: Por vuestra boca muerta, fue nominado al Premio Rodolfo Walsh de la Semana Negra de Gijón.