De acto espontáneo y contestatario a objeto de deseo del mercado, el arte urbano ha protagonizado una de las transformaciones más vertiginosas de la historia reciente del arte. Nacido en las calles de Nueva York en los años 60 como grito de autoafirmación, hoy ocupa galerías, museos y casas de subastas del siglo XXI. No es casualidad que el artista más seguido en redes sociales sea un grafitero: Banksy. Tampoco que figuras como Keith Haring o Jean-Michel Basquiat sigan figurando entre los creadores más cotizados del planeta.
Ese recorrido histórico es el eje de «Arte urbano. De los orígenes a Banksy», la exposición que presenta la Fundación Canal y que reúne más de 60 obras de técnicas y lenguajes diversos. La muestra traza una genealogía que va desde el pionero TAKI 183 hasta referentes actuales del panorama español como PichiAvo, El Xupet Negre o SUSO33, cuya pieza i-Legal pone el broche final al recorrido.
Precisamente SUSO33 reflexiona en la exposición sobre la ambigüedad legal del grafiti. Su obra parte de un lienzo ubicado en un solar invisible desde el exterior: cuando esos paneles entran en la sala, el gesto se vuelve legal y en el muro original solo queda una “i” solitaria, símbolo de esa paradoja. El artista también recuerda cómo, en los primeros años, algunos galeristas se apropiaron de obras sin remunerar a sus autores, invirtiendo los papeles de la legalidad: “los ilegales eran ellos”.
Cinco etapas y un fenómeno global
El discurso expositivo se articula en cinco etapas históricas, desde las primeras firmas vinculadas a la autoafirmación identitaria hasta la sofisticación técnica y conceptual que ha situado al arte urbano en el centro del arte contemporáneo. A ese recorrido se suma un apartado monográfico dedicado a Banksy, clave para entender la dimensión mediática, simbólica y política del fenómeno.
Arte o vandalismo
El espacio abovedado de la galería invita a una pregunta incómoda: ¿dónde termina el arte y empieza el vandalismo? Para la comisaria Patrizia Cattaneo, el ejemplo es claro: Tuttomondo, el mural que Keith Haring pintó en Pisa en 1989 y recientemente restaurado, aporta valor, belleza y reconocimiento global. No es una autoproclamación, subraya, sino una obra legitimada socialmente.
En el extremo opuesto, la exposición muestra imágenes de firmas en urinarios, vagones de metro o puentes, además de atentados contra el patrimonio histórico, como pintadas sobre esculturas o monumentos. En uno de esos casos, recuerda Cattaneo, el Tribunal Supremo determinó que vandalizar una obra contemporánea constituye un delito.
De TAKI 183 a Europa
El grafiti nació con el tag, una firma rápida ejecutada con rotulador o aerosol. El primer nombre propio fue TAKI 183, mensajero de origen griego que recorría Manhattan dejando su alias —Demetraki, 183— por la ciudad. En la exposición, su firma aparece sobre un plano del metro de Nueva York, documento fundacional de la cultura grafitera.
El reconocimiento institucional llegó en los años 80 con Haring y Basquiat, que tradujeron los códigos de la cultura underground en lenguajes artísticos personales. Desde ahí, el grafiti cruzó a Europa, con focos destacados en París y Berlín, donde el muro se convirtió en un lienzo político y monumental.
España y sus iconos
En España, la Movida madrileña generó un contexto distinto: menos agresivo y más dialogante con la ciudad. En ese marco emergen figuras como SUSO33 o El Xupet Negre, que evolucionaron de la firma caligráfica a iconos reconocibles: la mancha y el chupete negro, respectivamente. Para SUSO33, las siluetas humanas de su obra son sombras que le representan: cuando el artista se va, lo último que queda es esa huella efímera en el muro.
Banksy, la estrella global
Protegido por el anonimato, Banksy se ha convertido en el artista contemporáneo más influyente. Cada obra autenticada a través de sus redes genera un impacto mediático inmediato. Su técnica predilecta, el esténcil, le permite rapidez, precisión y reproducción seriada, al servicio de un lenguaje visual directo y universal: “lo entiende un niño y es un puñetazo en el estómago”, resume la comisaria.
Su trabajo desplaza el foco hacia el mensaje: una crítica sin concesiones al consumismo, la guerra, los derechos humanos y las contradicciones del presente, combinando compromiso y sarcasmo. Para Cattaneo, Banksy es un “artivista”: alguien que utiliza el arte como herramienta de concienciación social.
La exposición dedica una sala completa al diálogo de Banksy con la historia del arte, desde sus relecturas de Andy Warhol hasta homenajes explícitos a Keith Haring. Obras como Choose Your Weapon, Tesco Soup Cans o Girl with Balloon funcionan como símbolos contemporáneos, capaces de sintetizar fragilidad, ironía y denuncia social. Esta última imagen, la niña con el globo rojo, se convirtió además en icono global tras la autodestrucción de una estampa vendida por más de un millón de euros.
Arte urbano. De los orígenes a Banksy puede visitarse en la Fundación Canal (sala Mateo Inurria) del 4 de febrero al 3 de mayo, una oportunidad para entender cómo el grafiti pasó de ser voz marginal a ocupar un lugar central en el arte del siglo XXI.
Redacción
Fotografía · Banksy




