Un estudio desmonta la idea de que la adolescencia es la etapa más arriesgada… al menos entre los chimpancés.
Si pensabas que la adolescencia era sinónimo universal de imprudencia, ojo a esto. Un nuevo estudio revela que, en el caso de los chimpancés, el mayor pico de comportamientos de riesgo no llega en la juventud, sino mucho antes: en la infancia.
La investigación, llevada a cabo por científicos de las universidades de Michigan y James Madison y publicada en la revista iScience, analizó durante horas el comportamiento de 119 chimpancés salvajes en el Parque Nacional Kibale, en Uganda. Y el resultado sorprendió incluso a los propios investigadores.
Las crías de chimpancé son las más “kamikazes”. Mucho más que los adolescentes.
Saltos sin miedo (y sin pensar demasiado)
El equipo observó cómo se movían los chimpancés por los árboles —su hábitat natural— y se centró en conductas de riesgo como el llamado “vuelo libre”, es decir, dejarse caer o saltar de una rama a otra sin ningún tipo de apoyo.
¿Conclusión? Cuanto más jóvenes, más locuras.
- Las crías tenían tres veces más probabilidades de asumir riesgos que los adultos.
- Los jóvenes, 2,5 veces más.
- Los adolescentes, 2,1 veces más.
Y todo esto sin diferencias entre machos y hembras, ni según la altura a la que se encontraran en los árboles.
Justo al revés que los humanos
Aquí viene lo curioso: en los humanos pasa exactamente lo contrario. Nuestros comportamientos más peligrosos suelen dispararse en la adolescencia, especialmente en chicos. ¿Por qué?
Según los investigadores, la clave está en la vigilancia parental.
Mientras que los padres humanos controlan muy de cerca a los bebés, las madres chimpancé solo pueden limitar a sus crías mientras están físicamente a su alcance. En cuanto se sueltan… libertad total.
Como explica la bióloga Lauren Sarringhaus, una de las autoras del estudio:
“Todas las crías de chimpancé son peligrosas, incluso más que los adolescentes. Y eso no es lo que vemos en humanos”.
Jugar también es aprender
Lejos de ser solo inconsciencia, este comportamiento podría tener un sentido evolutivo. Investigaciones previas apuntan a que el juego arriesgado ayuda a los chimpancés jóvenes a desarrollar habilidades, probar límites y aprender consecuencias en un momento en el que pesan menos, tienen huesos más flexibles y se lesionan con menor facilidad.
Redacción (Agencias).




