Un vecino de Orihuela (Alicante), José María Bregante, de 68 años, atesora una colección singular: 1.336 belenes diferentes reunidos a lo largo de casi medio siglo. Muchos de ellos incluyen a los Reyes Magos y ninguno se repite, al menos hasta que alcanzó la cifra de 765 piezas, cuando recibió uno idéntico por primera vez.
La colección se guarda en un pequeño local de algo más de 20 metros de largo y cuatro de altura, un espacio que Bregante recorre con ayuda de una escalera de 14 peldaños. Allí conviven nacimientos de todos los tamaños, materiales y procedencias, incluidos los tres últimos incorporados hace apenas unos días, elaborados en 3D.
Su afición comenzó en 1975, cuando su hermano le regaló un belén tras un viaje a Toledo. La semilla, no obstante, venía de antes: su padre compraba y pintaba figuras cada año, renovando el nacimiento familiar. Jubilado del sector bancario, Bregante explica que entre el 40% y el 60% de las piezas son regalos de familiares y amigos que se acuerdan de él cuando viajan.
En la colección hay belenes de México —uno hecho con calaveras y otro con hojas de palma—, de Alaska, “frío incluso en verano”, y de Egipto, fabricado con hueso de dromedario. Algunos sustituyen a la mula y el buey por pingüinos o peces. El más pequeño apenas supera el centímetro; el mayor, de hierro, mide 45 centímetros y pesa dos kilos.
Muchos nacimientos se colocan sobre bases que reproducen rincones emblemáticos de Orihuela. Otros destacan por su originalidad: uno de plata dentro de un limón seco, otro hecho con chapas de refresco o el que marcó el número mil, creado a mano por un amigo.
Cada belén tiene “nombre, apellido y una historia”. Y todos forman parte de una colección viva que sigue creciendo.
Redacción (Agencias)




