Las sequías extremas llevan al colapso ecológico a los matorrales y praderas del planeta

Las plantas pueden adaptarse a sequías moderadas, pero cuando la falta de agua es extrema y repetida, los matorrales y praderas, ecosistemas fundamentales para la ganadería, la biodiversidad y el equilibrio climático, dejan de ser funcionales y su productividad se desploma.

Así lo concluye un estudio global publicado en Science que ha simulado los efectos de sequías extremas en 74 zonas de pastizales y matorrales de todo el mundo. El trabajo, liderado por Timothy Ohlert y Melinda D. Smith de la Universidad Estatal de Colorado, demuestra que cuando la sequía es prolongada, estos ecosistemas pierden su capacidad natural de recuperación.

El estudio alerta de que, debido al cambio climático, las sequías que antes ocurrían cada 50 años suceden ahora cada cinco, y podrían repetirse cada tres años en las próximas décadas. Los efectos serán más graves en regiones áridas y semiáridas como el Mediterráneo, el suroeste de EE. UU., África austral y Asia central.

Los científicos comprobaron que tras cuatro años de sequía extrema, la pérdida de productividad vegetal se duplica, lo que compromete la capacidad de estos ecosistemas para absorber carbono, proteger los suelos y sostener actividades como la agricultura y la ganadería.

En el caso del Mediterráneo, el impacto será especialmente severo por la irregularidad de las lluvias y la alta radiación solar. En España, zonas como el Garraf, Ciempozuelos, Cádiz, Murcia o el Pirineo sirven como referencia en este tipo de estudios, desarrollados por el CREAF-CSIC y otras instituciones desde los años noventa.

“El planeta está casi dos grados más caliente que hace un siglo. Debemos frenar el calentamiento global y adaptarnos a sus efectos antes de que estos ecosistemas colapsen por completo”, advirtió Josep Peñuelas, investigador del CSIC y coautor del estudio.