Cuidar el planeta es fundamental para nuestro futuro, pero parece que las cuentas no terminan de salir. El mundo gasta 33 veces más dinero en destruir la naturaleza que en protegerla, una diferencia que vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de cambiar nuestras prioridades económicas. Así lo advierte WWF en su informe Planeta Vivo 2026, que señala al sistema financiero como uno de los principales motores de la pérdida de biodiversidad.
Las cifras hablan por sí solas. Cada año, las actividades que perjudican a los ecosistemas reciben alrededor de 7,3 billones de dólares, mientras que la financiación destinada a conservar y restaurar la naturaleza se queda en unos 220.000 millones de dólares. Una diferencia enorme que refleja el camino que todavía queda por recorrer para avanzar hacia un modelo económico más sostenible.
Detrás de este desequilibrio hay inversiones y ayudas económicas vinculadas a actividades que generan un impacto negativo sobre el medio ambiente. Entre ellas destacan los combustibles fósiles y distintos sectores industriales que ejercen una gran presión sobre los recursos naturales.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) también ha alertado de esta situación en su informe State of Finance for Nature 2026. Según sus datos, correspondientes a 2023, por cada dólar invertido en proteger la naturaleza, se destinan unos 30 dólares a actividades que la perjudican.
El organismo calcula que estos flujos financieros negativos alcanzaron los 7,34 billones de dólares, frente a los 220.000 millones destinados a soluciones basadas en la naturaleza. Además, la inversión privada en estas soluciones apenas llegó a los 23.400 millones de dólares.
Más allá de las cifras, el problema tiene consecuencias directas sobre la biodiversidad, los ecosistemas y nuestra propia calidad de vida. La naturaleza proporciona recursos esenciales para la alimentación, el acceso al agua y el equilibrio climático, por lo que su deterioro también supone un riesgo para la economía mundial.
La buena noticia es que todavía hay margen para cambiar las cosas. El PNUMA considera necesario aumentar la financiación de las soluciones basadas en la naturaleza hasta alcanzar los 571.000 millones de dólares anuales en 2030. Para conseguirlo, plantea redirigir las inversiones, revisar las ayudas perjudiciales para el medio ambiente y favorecer proyectos que contribuyan a recuperar los ecosistemas.
El reto está claro: no basta con invertir más en conservación si, al mismo tiempo, se sigue destinando una cantidad mucho mayor de recursos a actividades que dañan el planeta. Cambiar el rumbo de las inversiones será clave para frenar la pérdida de biodiversidad y garantizar un futuro más sostenible.
Porque proteger la naturaleza no es solo una cuestión medioambiental. También es una apuesta por nuestra salud, nuestra economía y las próximas generaciones.
Redacción (Agencias).
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