El verano no solo trae calor, vacaciones y pueblos llenos de gente. También puede hacer que los osos pardos se acerquen más de la cuenta a las localidades de la Cordillera Cantábrica. La razón principal, según un nuevo estudio científico, está en algo tan sencillo como la comida.
La investigación, realizada por la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), la Universidad de León y la Fundación Oso de Asturias, ha analizado 73 incursiones de osos en pueblos registradas entre 2009 y 2021. Y los datos son bastante claros: el 86 % de estos acercamientos estuvieron relacionados con la búsqueda de alimento procedente de la actividad humana.
Entre los principales reclamos aparecen cultivos frutales, huertas, pienso, colmenas o basura, aunque hay uno que destaca especialmente: la fruta. Las plantaciones frutales estuvieron presentes en más de la mitad de los casos estudiados.
Y tiene bastante sentido si miramos el calendario. El 82 % de los episodios se produjeron entre junio y septiembre, precisamente cuando los árboles de los pueblos están cargados de fruta.
El estudio también deja otro dato curioso: el 64 % de los acercamientos tuvieron lugar durante la noche o en las horas crepusculares. Además, la mayoría de los ejemplares identificados eran jóvenes o subadultos, lo que podría explicar que se atrevan más a explorar zonas próximas a los asentamientos humanos en busca de comida.
Los investigadores han observado, además, que los pueblos con más probabilidades de recibir estas visitas suelen estar cerca de zonas de cría, próximos al bosque y en entornos de relieve abrupto, características que ofrecen a los animales lugares donde refugiarse y moverse con cierta cobertura.
Más allá de la curiosidad que generan estas apariciones, el objetivo del estudio es encontrar formas de reducir los conflictos entre los osos y las comunidades rurales.
Los científicos apuestan por la prevención: dificultar el acceso a los alimentos y retirar aquellos recursos que puedan atraer a los animales durante los periodos de mayor riesgo. De hecho, el estudio recoge el caso de una osa que llevaba años visitando varios pueblos y cuyo comportamiento solo se consiguió frenar cuando se retiró prácticamente toda la fruta disponible en la localidad.
Así que ya tenemos una pista bastante clara sobre qué lleva a estos gigantes a acercarse a nuestros pueblos: no es que se hayan vuelto urbanitas, es que la fruta puede ser un reclamo demasiado tentador. Y en verano, con los árboles a rebosar, el buffet está servido.
Redacción (Agencias).
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