La creencia popular de que los gatos son independientes, fríos y esquivos no es cierta. Una investigación sobre comportamiento felino apunta a que pueden formar vínculos duraderos con las personas y conservar recuerdos asociados a experiencias emocionales, especialmente aquellas relacionadas con la seguridad, el miedo o el bienestar. Su memoria no funciona simplemente como un archivo de imágenes: las experiencias importantes pueden quedar asociadas a personas, lugares, olores y sensaciones.
El vínculo con los humanos está respaldado también por estudios científicos. Una investigación publicada en Current Biology demostró que los gatos pueden desarrollar distintos estilos de apego hacia sus cuidadores, de forma similar a lo observado en bebés y perros. En el estudio, alrededor del 64% de los gatitos y el 66% de los gatos adultos analizados mostraron un apego considerado seguro, utilizando a su cuidador como una fuente de tranquilidad en situaciones desconocidas o estresantes.
La memoria felina, además, está estrechamente relacionada con el aprendizaje y las asociaciones. Los gatos pueden utilizar experiencias anteriores para anticipar situaciones y existen indicios de capacidades de memoria de tipo episódico, aunque la investigación sobre este aspecto sigue siendo más limitada que en otras especies. Por eso, más que afirmar que un gato recuerda durante años exactamente el rostro de una persona, la evidencia permite hablar de recuerdos y asociaciones duraderas vinculadas a experiencias concretas y emocionalmente relevantes.
Una etapa especialmente importante se produce durante las primeras semanas de vida. El llamado periodo sensible de socialización se sitúa aproximadamente entre las dos y las siete semanas, aunque algunos estudios amplían la ventana hasta las ocho o nueve. Durante ese tiempo, las experiencias positivas con personas pueden favorecer una relación de confianza, mientras que las experiencias negativas o la falta de contacto pueden aumentar el miedo y dificultar la socialización posterior.
La relación con la madre también puede influir en este proceso, ya que los gatitos aprenden observando sus reacciones ante las personas y el entorno. En definitiva, la ciencia está dejando atrás la imagen del gato como un animal incapaz de crear vínculos: aunque cada individuo tiene un carácter y una historia diferentes, muchos gatos utilizan a sus cuidadores como una auténtica base segura. Eso significa que, cuando una persona desaparece durante un tiempo, el vínculo construido a través de experiencias repetidas y positivas no tiene por qué desaparecer con ella.
Redacción (Agencias)
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