Así se desprende de un estudio realizado por los investigadores Rozenn Colleter, Klervia Jaouen, Dominique Garcia y Michael P. Richards, y publicado en la revista ‘PNAS Nexus’.
El acceso a alimentos nutritivos ha sido históricamente desigual. En las sociedades europeas preindustriales, la carne era un alimento codiciado y asociado a un estatus social elevado.
Las proporciones de isótopos de nitrógeno en el colágeno óseo humano permiten estimar el consumo de carne, mientras que los isótopos de carbono revelan la ingesta de plantas C4, como el mijo, y de alimentos marinos.
El estudio introduce la proporción interdecil, una herramienta que mide la desigualdad extrema en el consumo alimentario, superando limitaciones como el impacto de fertilizantes, clima o desnutrición.
Los autores analizaron datos de 12.281 adultos en 673 yacimientos europeos durante 10.000 años, observando un sesgo masculino persistente en los niveles más altos de consumo de carne.
Aunque las sociedades neolíticas fueron las más igualitarias, ya presentaban desigualdades de género en el acceso a proteínas animales.
El estudio concluye que esta desigualdad histórica puede explicarse por tabúes alimentarios, creencias culturales, percepciones erróneas sobre las necesidades nutricionales y normas sociales que priorizaban a los hombres.
Redacción · Servimedia
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