La obesidad y la mala alimentación siguen siendo dos de los principales problemas de salud pública en sociedades occidentales, y el marketing de los supermercados influye de forma decisiva en las decisiones de compra. Un nuevo trabajo de la City St George’s University of London, publicado en PLOS Medicine, demuestra que colocar frutas y verduras en la entrada de los supermercados aumenta significativamente su venta y mejora la calidad de la dieta de las mujeres, especialmente en entornos de descuento.
El ensayo se realizó en 36 tiendas de una cadena de supermercados de descuento en Inglaterra, entre marzo de 2018 y mayo de 2022, con 18 establecimientos en grupo de intervención y 18 de control. En total participaron 580 mujeres de entre 18 y 60 años, seleccionadas porque, en promedio, siguen siendo las principales responsables de la compra y planificación de la alimentación familiar. El análisis mostró que, en los supermercados donde frutas y verduras se situaron cerca de la entrada, se produjeron aproximadamente 2.525 porciones adicionales vendidas por tienda y por semana, en comparación con las ventas previstas sin la intervención.
Estos datos se sitúan en un contexto de descenso generalizado del consumo de frutas y verduras. Durante el periodo del estudio, coincidente con la pandemia de COVID‑19 y la crisis del costo de vida, las compras de fruta en hogares británicos cayeron un 7,2% y las de verdura un 5,3%. En promedio, las familias adquieren menos de cuatro porciones diarias de estos productos. El estudio subraya que un aumento de 50 gramos al día (equivalente a unas 0,6 porciones de 80 g) se asocia con una reducción del 20% en la mortalidad por todas las causas, lo que convierte a esta medida en una posible herramienta de prevención.
Tras seis meses de exposición a la intervención, los resultados muestran una mejora de la calidad de la dieta de las mujeres del grupo de intervención, sobre todo en hogares que compran principalmente en la tienda de estudio y en aquellas cuyas responsables no cuentan con estudios superiores. Los investigadores señalan que la medida podría tener un impacto clínicamente significativo en la población si se generalizara.
La profesora Christina Vogel, principal autora del estudio, destaca que el modelo actual coloca alimentos poco saludables en lugares privilegiados –entrada, cajas, extremos de pasillos– porque son baratos de producir, fáciles de promocionar y asequibles. El equipo propone que la regulación británica de promoción y colocación de alimentos se amplíe para exigir zonas de frutas y verduras en la entrada de todos los grandes supermercados y limitar la promoción de alimentación ultraprocesada en esos mismos espacios.
Redacción (Agencias)
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