Los flamencos que antes llegaban de forma puntual desde el Mediterráneo a los humedales del norte se han convertido en residentes habituales en Cantabria durante todo el año, un fenómeno directamente vinculado al cambio climático.
Según explica SEO/BirdLife, desde hace tres inviernos un grupo estable de estas aves permanece en enclaves como la Bahía de Santander o las marismas de Santoña, Victoria y Joyel, atraídas por las condiciones climáticas y la disponibilidad de alimento.
De visitantes ocasionales a población estable
Lo que antes era una presencia esporádica, sobre todo en verano, se ha transformado en una estancia permanente. Actualmente, la población ronda los 25 ejemplares, una cifra que sigue en aumento.
Los expertos destacan que, contra todo pronóstico, estas aves han logrado adaptarse a un entorno que tradicionalmente se consideraba menos favorable para ellas.
Un ecosistema en transformación
Este cambio coincide con la llegada de otras especies menos habituales en la zona y con la presencia de aves procedentes del norte de Europa, como el eider, los colimbos o los zampullines cuellirrojos.
Al mismo tiempo, especies como el águila pescadora, la barnacla carinegra o el pigargo europeo también han comenzado a asentarse, reflejando una reconfiguración del ecosistema.
Menos aves migratorias y cambios en los flujos
El último censo invernal contabiliza cerca de 30.000 aves acuáticas y 72 especies, lo que sitúa a Cantabria como referente en el Cantábrico. Sin embargo, el número total ha descendido respecto a años anteriores.
La causa principal es el cambio en los patrones migratorios: los inviernos más suaves en el norte de Europa hacen que muchas aves ya no necesiten desplazarse hacia el sur.
Un indicador del cambio climático
Los expertos señalan que las aves migratorias actúan como un “termómetro natural”, ya que sus movimientos reflejan las alteraciones del clima.
En este contexto, la presencia estable de flamencos en el norte peninsular evidencia cómo el calentamiento global está modificando los hábitats y obligando a muchas especies a redefinir sus rutas y zonas de asentamiento.




