Una investigación liderada por científicos de la Universidad Estatal de Michigan ha aportado nuevas evidencias sobre los mecanismos biológicos de la adicción a la cocaína. El estudio concluye que las recaídas no deben interpretarse como un fracaso personal, sino como el resultado de cambios profundos en el cerebro provocados por la droga. Los resultados han sido publicados en la revista científica Science Advances.

Según los investigadores, la cocaína altera el funcionamiento del hipocampo, una región del cerebro vinculada a la memoria, lo que contribuye a mantener el deseo compulsivo de consumir la sustancia. Aunque quienes dejan la cocaína no suelen sufrir síntomas físicos de abstinencia tan intensos como los asociados a los opiáceos, la droga modifica el sistema de recompensa del cerebro, inundándolo de dopamina y generando una fuerte sensación de placer que refuerza el comportamiento adictivo.
El estudio identificó además un elemento clave en este proceso: una proteína llamada DeltaFosB, que actúa como un “interruptor” molecular capaz de activar o desactivar genes en los circuitos cerebrales relacionados con la recompensa y la memoria. A través de experimentos con modelos de ratón, los científicos observaron que esta proteína se acumula con el consumo continuado de cocaína y modifica el funcionamiento de las neuronas, aumentando la probabilidad de que la persona vuelva a consumir.
Los autores señalan que estos hallazgos ayudan a comprender por qué la adicción a la cocaína es especialmente difícil de tratar, pero también abren la puerta a nuevas terapias farmacológicas en el futuro. Si se lograra desarrollar un compuesto capaz de bloquear o regular la acción de esta proteína, podría convertirse en una herramienta para tratar la adicción, aunque los expertos advierten de que el desarrollo de este tipo de tratamientos aún requerirá años de investigación.
Redacción (Agencias).




