El ayuno intermitente, convertido en tendencia por sus supuestos beneficios metabólicos, no resulta más eficaz para la pérdida de peso que una dieta equilibrada o la adopción de hábitos saludables convencionales. Así lo concluye una revisión del Cochrane que analiza 22 estudios con cerca de 1.995 adultos seguidos durante 12 meses en distintos continentes.
El metaanálisis evaluó distintas modalidades —restricción en días alternos, ayuno periódico y alimentación limitada por intervalos de tiempo— y comparó sus resultados con el asesoramiento dietético tradicional o con la ausencia de intervención. La pérdida de peso observada fue moderada y no mostró diferencias significativas frente a otras estrategias.
Uno de los autores, Luis Garegnani, investigador del Hospital Italiano de Buenos Aires, advierte de que la evidencia disponible “no justifica el entusiasmo” generado en torno a esta práctica. En la misma línea, Eva Madrid, del Institut de Recerca Sant Pau de Barcelona, subraya que con los datos actuales es difícil formular una recomendación general y que el abordaje debe ser personalizado.
Los expertos recuerdan que la obesidad es una enfermedad crónica y que faltan estudios a largo plazo que respalden el ayuno intermitente como estrategia clínica sólida. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, en 2022 más de 2.500 millones de adultos en países de ingresos altos tenían sobrepeso, y 890 millones padecían obesidad.
Aunque algunos especialistas apuntan que el ayuno puede inducir cetosis nutricional, asociada a posibles efectos antioxidantes y antiinflamatorios, coinciden en que no existe una solución universal y que cualquier intervención debe aplicarse bajo supervisión médica dentro de un enfoque integral de salud pública.




