Un estudio internacional detecta que la presencia de embarcaciones reduce hasta un 45% su actividad clave para sobrevivir
Si este verano estás en la playa y ves pasar barcos a lo lejos, ojo: puede que bajo el agua alguien esté bajando el volumen. Y no por gusto.
Un nuevo estudio de la Universidad de Exeter y la Universidad de Aarhus, publicado en la revista Marine Mammal Science, revela que las marsopas comunes reducen hasta un 45% sus “zumbidos” cuando hay tráfico marítimo intenso.
¿Y qué significa eso? Mucho más de lo que parece.
Menos “zumbidos”, menos comida y menos vida social
Los investigadores colocaron micrófonos submarinos en el estrecho de Pequeño Belt, en Dinamarca, y compararon los sonidos de las marsopas con el paso de embarcaciones.
Esos “zumbidos” son sonidos cortos que estos pequeños cetáceos utilizan cuando se alimentan y socializan. Es decir, no son un capricho acústico: son parte esencial de su rutina diaria.
El resultado fue claro: durante los periodos con mayor tráfico marítimo, la actividad acústica cayó casi a la mitad.
Un problema serio para un animal que no para de comer
Las marsopas comunes son pequeñas, sí, pero también tienen un metabolismo acelerado. Necesitan comer casi constantemente para mantenerse en forma.
Por eso, cualquier interrupción en su búsqueda de alimento puede afectar a su salud, su estado corporal e incluso a su reproducción y supervivencia, como advierte Shannon Merkle, investigadora de Exeter.
Además, no lo tienen fácil para mudarse. Según los expertos, no pueden simplemente desplazarse a otra zona, porque otras áreas pueden no ofrecer la misma cantidad de presas que el Pequeño Belt.
“Tráfico crónico” bajo el agua
Rachel Lennon, también de Exeter, lo resume con una frase contundente: el “tráfico crónico” de embarcaciones podría estar limitando su capacidad para alimentarse y socializar en hábitats costeros clave.
Y hay más: la reducción de actividad fue especialmente notable durante el día en verano, justo cuando el estrecho está más concurrido. En cambio, cuando no había barcos, la actividad de las marsopas aumentaba.
Cada año, miles de grandes buques y un número indeterminado de embarcaciones recreativas cruzan el Pequeño Belt, uno de los tres pasos que conectan el mar Báltico con el mar del Norte.
¿Hay solución?
Los investigadores apuntan a medidas de conservación bastante claras, como reducir la velocidad de las embarcaciones, para minimizar el impacto del ruido submarino.
Jonas Teilmann, de la Universidad de Aarhus, destaca que este trabajo suma evidencia a algo que cada vez preocupa más: el ruido submarino y el aumento del tráfico marítimo están afectando de forma directa a especies sensibles como la marsopa común.
Y aunque no lo veamos ni lo escuchemos desde la superficie, bajo el agua el silencio puede marcar la diferencia entre comer… o no hacerlo.
Redacción (Agencias).




