Plantar un árbol puede ser mucho más que un gesto ecológico. Así lo confirma una investigación de la Universidad de Granada (UGR) que vincula la participación directa en jornadas de reforestación con mejoras claras y significativas en la salud mental y la vitalidad.
El estudio, realizado con 152 personas adultas voluntarias, analizó el impacto emocional de una actividad de plantación de árboles en los jardines del campus del Parque Tecnológico de la Salud de Granada. Cada participante plantó dos árboles de especies autóctonas mediterráneas, como encinas o algarrobos, siempre bajo supervisión especializada.
Los resultados son contundentes: las emociones positivas aumentaron un 26%, incluyendo sensaciones como el entusiasmo o la inspiración, mientras que los sentimientos negativos se redujeron en un 48%, especialmente la irritabilidad y el nerviosismo. Además, se registró un incremento del 12% en la sensación subjetiva de vitalidad y energía tras la actividad.
Para medir estos cambios, los investigadores evaluaron el estado emocional antes y después de la plantación mediante cuestionarios psicológicos validados internacionalmente, lo que refuerza el valor científico del trabajo.
La investigación ha sido desarrollada por la UGR y el Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada, en colaboración con la asociación Árboles Contra el Cambio Climático Granada, y ha sido publicada en la revista científica Urban Forestry & Urban Greening.
Los responsables del estudio, José Manuel Pérez Mármol y Doğukan Baran Güngörmüş, destacan que “la población no solo se beneficia mentalmente por disponer de espacios verdes en las ciudades, sino que participar de forma directa en su creación parece mejorar igualmente la salud mental”. Además, las personas con una relación previa más estrecha con la naturaleza experimentaron beneficios aún mayores.
El equipo investigador subraya que plantar un árbol combina múltiples factores positivos. Desde el punto de vista psicológico, se trata de una acción ligada al cuidado, al compromiso con el futuro y a la conexión con el entorno, lo que refuerza el sentido de propósito vital. En el plano fisiológico, el contacto directo con la tierra y el medio natural puede activar respuestas de relajación del sistema nervioso, reduciendo el estrés y aumentando la sensación de calma.
El estudio aporta así evidencia científica sobre el valor de implicar activamente a la ciudadanía en la creación de espacios verdes urbanos. Según los autores, estas iniciativas suponen una alternativa eficaz, accesible y de bajo coste para las políticas públicas de promoción de la salud mental, con un doble impacto positivo: mejorar el bienestar emocional individual y generar infraestructura verde para toda la comunidad.
Redacción (Agencias).
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