El reciente rescate de Boro, el perro que viajaba con sus dueñas en uno de los trenes siniestrados en el accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), ha vuelto a poner el foco en el papel emocional y terapéutico de las mascotas en situaciones de trauma.
La familia pidió públicamente la búsqueda del animal al considerarlo un miembro más y subrayó su importancia para la recuperación de una de las pasajeras, embarazada y en coma, tras el accidente. Su madre llegó a afirmar que reencontrarse con su perro sería “fundamental” para su evolución.
Expertos en salud mental coinciden en que el vínculo con los animales de compañía cumple una función emocional clave, especialmente en procesos de enfermedad, duelo o trauma. La psicóloga Loreto Sánchez explica que la pérdida o amenaza sobre ese vínculo genera inseguridad y desprotección en las personas afectadas.
En España, numerosas asociaciones desarrollan terapias asistidas con animales, una intervención que, según profesionales del sector, puede ayudar a reducir síntomas, facilitar la recuperación emocional y complementar tratamientos médicos y psicológicos.
Tras su localización, el Colegio de Veterinarios de Málaga ha ofrecido atención especializada a Boro para tratar los posibles efectos del estrés sufrido durante el siniestro.
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