Científicos españoles de varios centros de investigación han comprobado que la gravedad de un ictus, su tratamiento y la recuperación del paciente dependen del momento del día en el que ocurre, ya que las primeras células que intentan responder están reguladas por el reloj biológico interno.
La investigación, liderada por un equipo del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), revela que los neutrófilos, las células inmunes más abundantes y las primeras en responder tras un ictus, están regulados por el reloj biológico, lo que condiciona la perfusión cerebral, el daño tisular y la recuperación del paciente.
El ictus isquémico es una de las principales causas de muerte y discapacidad a nivel mundial y, pese a los avances en el tratamiento agudo, la evolución clínica sigue siendo muy variable, lo que indica la existencia de mecanismos biológicos poco comprendidos, ha señalado el CNIC, que destaca que este trabajo identifica uno de ellos: la regulación circadiana de la respuesta inmune.
Según María Ángeles Moro, investigadora principal del proyecto y directora del Laboratorio de Fisiopatología Neurovascular del CNIC, estos cambios influyen directamente en la circulación colateral, la perfusión cerebral y la extensión del daño, a través de procesos de inmunotrombosis.
“Nuestros resultados muestran que el ictus no es un evento biológicamente homogéneo: el estado del sistema inmune en el momento en que ocurre puede determinar diferencias importantes en la gravedad y la recuperación”, ha aseverado la investigadora.
Mediante modelos experimentales en ratón y datos clínicos de más de 500 pacientes, el estudio revela que, en determinadas fases del día, los neutrófilos adoptan un perfil más proinflamatorio y liberan con mayor intensidad trampas extracelulares de neutrófilos (NETs).
Estas estructuras, aunque forman parte de la defensa inmunitaria, pueden obstruir la microcirculación cerebral, causar inmunotrombosis y agravar la lesión, ha apuntado el CNIC.
“Observamos que cuando los neutrófilos liberan más NETs, la circulación en los pequeños vasos se ve comprometida y el daño cerebral es mayor”, ha explicado Sandra Vázquez-Reyes, investigadora del CNIC, actualmente en el Massachusetts General Hospital / Harvard Medical School.
Por el contrario, en otras fases del ciclo circadiano, los neutrófilos muestran un comportamiento menos dañino, lo que permite una mejor perfusión y limita la progresión del ictus.
“Esto ayuda a entender por qué pacientes con características clínicas similares pueden evolucionar de forma muy distinta”, ha observado Alicia García-Culebras, investigadora de la Universidad Complutense de Madrid.
Según María Isabel Cuartero, también investigadora de la UCM, “este trabajo introduce el concepto de inflamación vascular regulada por el reloj circadiano y abre nuevas oportunidades terapéuticas”.
El estudio confirma además que estos mecanismos están presentes en pacientes con ictus. Los marcadores inflamatorios y de actividad de neutrófilos en sangre siguen ritmos diarios y se asocian tanto con la gravedad del ictus como con la calidad de la circulación colateral, han precisado Ignacio Lizasoain (Instituto de Investigación Sanitaria Hospital 12 de Octubre – i+12 y UCM) y Patricia Calleja, neuróloga de la Unidad de Ictus del mismo hospital.
Los autores concluyen que tener en cuenta el momento del día y la regulación circadiana del sistema inmune podría mejorar la eficacia de futuras terapias, abriendo la puerta a estrategias de cronoterapia más precisas.
Además, la utilización de biomarcadores sanguíneos específicos relacionados con la inmunotrombosis podría permitir una medicina personalizada, basada tanto en las características del paciente como en su momento biológico cuando se produce el ictus.
Redacción · EFE
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