Un equipo internacional encabezado por la Universidad Pompeu Fabra (UPF) ha identificado una nanomáquina celular esencial para la supervivencia y actividad de las células, encargada de transportar de manera continua moléculas clave hasta su superficie. Este mecanismo resulta imprescindible para el correcto funcionamiento del organismo y ha sido descrito en un estudio publicado en la prestigiosa revista Cell.
La investigación explica por primera vez cómo se organiza y actúa el sistema responsable de la exocitosis constitutiva, un proceso microscópico que se produce miles de millones de veces al día en el cuerpo humano. Gracias a él, las células envían pequeños paquetes moleculares desde su interior al exterior, permitiendo funciones tan básicas como la secreción hormonal, la reparación de membranas o la comunicación celular.

Según el investigador Oriol Gallego, líder del estudio, la dificultad para estudiar esta nanomáquina residía en su carácter efímero y altamente dinámico, a pesar de ser una de las estructuras más grandes de la célula. El avance ha sido posible gracias a la combinación de técnicas de microscopía de última generación y herramientas de inteligencia artificial, que han permitido observar este complejo mecanismo con un nivel de detalle sin precedentes.
Los científicos han comprobado que este sistema actúa como un auténtico “nanocorreo” celular, capaz de transportar entre 10.000 y 100.000 paquetes moleculares por célula y día. En su estructura central, siete conjuntos de proteínas forman un anillo flexible que mantiene la carga hasta su liberación controlada en la superficie. Este mensajero, denominado ExHOS, cuenta además con varios puntos de control que garantizan la precisión del proceso y evitan errores críticos para la vida celular.
El descubrimiento tiene importantes implicaciones para la salud, ya que virus y bacterias como el VIH, el coronavirus o la salmonela aprovechan la exocitosis para infectar las células. Asimismo, alteraciones leves en este sistema se han vinculado a enfermedades raras del neurodesarrollo y a ciertos cánceres metastásicos. Aunque no supone una aplicación clínica inmediata, el hallazgo abre nuevas vías en la investigación biomédica y ha sido posible gracias a la colaboración de centros científicos de España, Austria y Alemania.
Redacción (Agencias).




