La asombrosa habilidad de animales como los pulpos para alterar la apariencia de su piel ha servido de base para el desarrollo de una piel sintética capaz de modificar su color y textura de manera controlada. Este avance abre la puerta a nuevas aplicaciones tecnológicas, especialmente en ámbitos como el camuflaje avanzado o la robótica blanda, donde la adaptación al entorno es clave.

El desafío científico residía en lograr que una superficie pudiera cambiar color y relieve de forma independiente, algo que hasta ahora resultaba muy complejo. Investigadores han diseñado un material polimérico inspirado en los cefalópodos que, en su estado inicial, presenta una apariencia lisa y simple. Sin embargo, al entrar en contacto con el agua, el material se expande y hace visibles patrones y colores previamente programados.
Para lograrlo, los científicos emplearon técnicas de precisión como la escritura de patrones mediante haces de electrones y la incorporación de capas ópticas, permitiendo cambios rápidos y repetidos sin pérdida de eficacia. Además, el color y la textura pueden activarse por separado según la orientación del material. Aunque las versiones actuales muestran un único diseño, los expertos prevén que futuras mejoras permitirán un mayor control, múltiples patrones y una producción a gran escala, ampliando así su potencial en tecnologías emergentes.
Redacción (Agencias).




