Nuevos datos de la misión Cassini revelan que Encélado pierde calor por ambos polos, lo que indica que su océano subterráneo podría mantenerse estable durante millones de años.
La posibilidad de encontrar vida más allá de la Tierra acaba de ganar un nuevo candidato sólido: Encélado, una de las lunas heladas de Saturno. Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Oxford, el Instituto de Investigación del Suroeste y el Instituto de Ciencias Planetarias de Tucson ha descubierto que la luna pierde calor tanto por el polo norte como por el sur, algo que nunca se había observado antes.
Los resultados, publicados en la revista Science Advances, se basan en los datos recopilados por la sonda Cassini de la NASA y muestran que Encélado emite mucho más calor del esperado para un cuerpo celeste de su tamaño, lo que refuerza la idea de que posee una fuente de energía interna capaz de mantener su océano subterráneo líquido.
“Encélado es un objetivo clave en la búsqueda de vida extraterrestre. Comprender su equilibrio energético es esencial para saber si puede albergar vida”, explica Georgina Miles, una de las autoras del trabajo.
Hasta ahora, se creía que la actividad térmica de Encélado se concentraba en el polo sur, donde gigantescos géiseres expulsan vapor de agua y hielo al espacio. Sin embargo, las nuevas mediciones infrarrojas de Cassini muestran que el polo norte también es más cálido de lo previsto, lo que solo puede explicarse por una fuga de calor desde el océano subterráneo, situado bajo una gruesa capa de hielo.
Este hallazgo sugiere que la luna mantiene un equilibrio estable entre la energía que genera y la que pierde, gracias al calentamiento por mareas: la gravedad de Saturno deforma continuamente su superficie, generando calor interno. Ese equilibrio sería clave para mantener el océano en estado líquido durante largos periodos de tiempo, un requisito fundamental para que surja la vida.
“Comprender cuánto calor pierde Encélado a nivel global es crucial para determinar su potencial biológico”, añade Carly Howett, coautora del estudio. El siguiente paso, apuntan los investigadores, será determinar cuánto tiempo ha existido ese océano y si ha permanecido estable el tiempo suficiente para permitir la aparición de vida.
Redacción (Agencias).




