El 21 de julio se celebra el Día Mundial del Gazpacho, una fecha para homenajear a esta sopa fría de origen humilde que ha conquistado paladares en todo el mundo. Nacido en los campos andaluces, el gazpacho ha evolucionado desde una mezcla medieval de pan duro, ajo, aceite, vinagre y agua hasta convertirse en un icono gastronómico nacional con múltiples versiones y reinterpretaciones.
La receta tradicional, a base de tomate, pepino, pimiento verde, cebolla, ajo, pan, vinagre de Jerez y aceite de oliva virgen extra, comenzó a definirse en el siglo XIX, tras la llegada de productos americanos como el tomate y el pimiento. Durante siglos, fue el alimento base de campesinos y jornaleros, una preparación sencilla, nutritiva y refrescante para los calurosos días del sur.
“El tomate tardó en incorporarse porque se creía venenoso”, recuerda la Asociación Nacional de Fabricantes de Zumos y Gazpachos de España (ASOZUMOS), que también señala cómo el gazpacho ha generado variantes tan conocidas como el salmorejo o la porra antequerana. Estas versiones eliminan o modifican ingredientes como la cebolla o el pepino, según la región.
En Málaga, por ejemplo, destacan la ‘mazamorra’, sin tomate, o el ‘zoque’, más suave que la porra. En Extremadura, el ‘cojondongo’ mezcla miga de pan, ajos y vinagre, coronado con hortalizas picadas. “Siempre con cebolla y pepino, aportan frescor”, afirma el chef Manuel Berganza, que logró una estrella Michelín en Nueva York y defiende la versión ortodoxa.
No obstante, el gazpacho se ha adaptado a los gustos contemporáneos. Hoy es habitual encontrar variantes con frutas (sandía, melón, cereza) o verduras menos convencionales (remolacha, zanahoria, aguacate). “Me encantan los gazpachos verdes con pepino y aguacate en lugar de pan”, apunta Berganza, que también sugiere asar el pimiento para suavizarlo y añadir cremosidad.
Fácil de preparar, sano, hidratante y lleno de sabor, el gazpacho es también un plato internacional, que incluso ha aparecido en series como Los Simpsons. De sus raíces populares a la cocina de autor, sigue reinventándose cada verano, manteniendo intacta su esencia como símbolo de identidad y frescura mediterránea.
Redacción (Agencias)




