Entrevista kiss
Miguel Ríos: “El alma del rockero tiene un plus de libertad”
Es una leyenda viva del rock. Ahora regresa 'solo o en compañía de otros', así es cómo el intérprete de clásicos como Bienvenidos o Santa Lucía ha querido bautizar a su última creación musical. Un disco en el que combina versiones con temas inéditos. Charlamos con Miguel Ríos, un hombre al que la vida en ocasiones le ha llevado “al borde del precipicio y otras a las cumbres más altas del éxito”, un gran artista para quien la carretera “es la metáfora de la libertad”.
Miguel, regresas con Solo o en compañía de otros. Un título que resume muy bien lo que nos vamos a encontrar en este nuevo álbum.
Pues sí, de hecho muchas veces resulta muy difícil encontrar un título para los discos, sobre todo cuando son trabajos tan atípicos como éste que tiene canciones, por un lado ya editadas en anteriores trabajos de otros compañeros, y por otro canciones nuevas hechas específicamente para este disco. En este caso resultó muy obvio bautizarlo así porque refleja muy bien lo que el público se va a encontrar en él.
¿Es tu disco número…?
Pues la verdad es que no lo sé porque no llevo la cuenta, pero como ‘álbum’ en sí tiene que ser el treinta y tantos. 
Un disco que lanzas fruto de la necesidad de volver a subirte a un escenario...
Yo creo que casi todos los discos nacen con esa vocación: de que lo que grabas, puedas en un futuro inmediato tocarlo en directo. Ahí es en realidad donde las canciones toman su dimensión real, donde los temas poco a poco van creciendo y donde les vas encontrando los matices que les va haciendo cada vez más grandes.
Dices también que lo haces ahora que todavía puedes mostrarte ante el público con cierta dignidad antes del deterioro que conlleva el paso del tiempo…
Sí, es lógico ¿no? Ten en cuenta que si yo este año comienzo a tocar por todo el mundo las canciones de este disco, entre unas cosas y otras, no pondré fin a la gira hasta 2010. Si luego paro otros cuatro años como he hecho entre mi último trabajo y éste… (si es que tengo el valor de hacer otra ‘intentona’) no sé muy bien cómo voy a estar físicamente. De momento me encuentro con la suficiente energía para mostrarme ante el público como yo quiero y no ser una caricatura de mí mismo.
Cuando uno tiene el corazón joven y contento, ¿le asusta a uno el paso de los años?
No. A mí jamás me ha gustado vivir con el calendario a cuestas. Creo que lo de los años lo que hace sobre todo, aparte de hacerte más mayor, es constatar que has llegado a un determinado sitio.
¿Y a dónde ha llegado Miguel Ríos?
Pues a un sitio para el que ha sido indispensable recorrer un largo camino. He viajado a sitios muy diferentes y eso me ha metido en aventuras de lo más dispares que me han obligado a autoabastecerme de ideas para crecer a todos los niveles, unas veces llevándome al borde del precipicio y otras a las cumbres más altas del éxito.
Siendo muy joven dejas tu Granada natal para instalarte en Madrid, ¿resultó muy difícil tomar la decisión?
No, porque en aquellos años dejando Granada tenía muy poco que perder. Por una parte tenía una familia muy comprensiva que estaba dispuesta a acogerme de nuevo si mis planes fallaban, y por otro lo que Granada ofrecía en el año ’61 era muy superable en todos los ámbitos de la vida: era una ciudad narcotizada por la belleza pero a la vez ‘congelada’ por una sociedad muy gris, opresiva, encerrada en sí misma y muy de espaldas a la modernidad.
Y Madrid… ¿A qué sonaba en aquellos años?
Madrid era un lugar (perteneciendo a la misma estirpe de ciudad bajo una dictadura) absolutamente distinto a Granada. Una ciudad en la que el anonimato era, por un lado lo menos deseable para un ‘tipo’ que quería ser famoso, pero que al mismo tiempo, te permitía arriesgarte a hacer cosas sin que se supiera tu origen. Era un manto que cobijaba a cualquier tipo de identidad.
Recuerdo que había dos o tres locales en los que te podías encontrar entre iguales. Éramos muy pocos, por eso nos conocíamos todos y eso nos permitía formar ‘casi casi’ una sociedad secreta, donde nosotros éramos los ‘modernos’… y eso hacía mucho más fácil lo de los roces con las chicas (risas).
¿Has dejado mucho por hacer?
Pues la verdad creo que no. De hecho una de las cosas que más me cuesta a la hora de crear un nuevo disco es pensar en algo nuevo que no haya hecho todavía. Lo único que me preocupa es seguir cantando bien y transmitir emoción a la gente.
Has definido a la carretera como “tu amiga fiel durante años”. Para un músico es casi una obligación crear una relación de amistad con ella, ¿no?
¡Sí! Es que si no es así… ¡mal asunto! (bromea). Yo sinceramente la tengo mucho cariño. Para mí la carretera es la metáfora de la libertad. Eso de ‘meter primera’ y ‘tirar’ sin saber lo que te vas a encontrar por el camino, en cada curva… es algo mágico. Sí que es verdad que ahora se ha perdido un poco el misterio porque ya me las conozco casi todas… pero sin embargo ese misterio sigue patente en cada escenario, nunca sabes lo que te vas a encontrar ni cómo va a reaccionar el público.
¿A qué sabe el alma de un rockero?
Pues la verdad es que no sé si tiene sabor, lo que quizás sí que tiene es un plus de libertad: la libertad de no tener que fichar en ningún sitio, de no tener un patrón definido. Creo que esa ausencia de reglas nos hace seres muy afortunados, por lo menos a mí…
Oye Miguel, y cómo se lleva eso de ser una leyenda viva del rock…
Yo sinceramente no sé si soy o no una 'leyenda', pero lo que sí noto es que la gente me aprecia, tanto el público de la calle como mis propios compañeros de profesión.
Uno de los clásicos que versionas en este álbum es Princesa de Sabina. ¿Ha sido Miguel Ríos 'príncipe' de muchas 'princesas'?
He tenido la suerte de vivir en una época en la que la liberación sexual del país pasaba por tener un rockero ‘a mano’ (risas). Ahora parece ser que son los futbolistas los que tienen más éxito, pero en aquellos años los rockeros sí fuimos 'príncipes' de algunas 'princesas'. Fue una época ‘cojonuda’ en la que todo el país quiso ser de otra forma, incluso sexualmente, lo que permitió tener un despertar maravilloso (también en ese aspecto). En ese sentido ha sido interesante tener la suerte de querer y ser querido.
¿Cuál ha sido ‘el himno de la alegría’ de tu vida?
Mi hija, el hecho de ser padre es
‘acojonante’. Me encanta haber creado vida y haber dado a mi hija independencia, algo que en el roll ‘padre-hija’ resulta algo complicado.
Un verso.
“Para que yo me llame Ángel González/ tuvo que pasar un largo tiempo/ y un ancho espacio”. En este disco hay una canción, Donde pongo el amor, que comienza con el principio y acaba con el final de este verso de Ángel, un gran poeta que murió hace muy poco y al que me apetecía homenajear.
Miguel, ¿una canción?
Te podría decir muchísimas porque llevo la vida alimentándome de ellas… Te podría decir Georgia de Ray Charles, Are you lonesome tonight de Elvis Presley, Revolution number 9 de los Beatles… Sin embargo hay una que tiene parte de todas ellas: The river, de Bruce Springsteen. Es un tema redondo que además no deja de cumplir su obligación como mensaje lanzado al mundo y que no es otro que el de despertar la conciencia sobre hechos que están pasando en un momento determinado en un país determinado. Bruce en ese sentido es el ‘cronista’, el juglar de una época en un país como EEUU. Tipos como él son muy necesarios.
Pedro Ángel Sánchez
Lunes, 12 de Enero de 2009






Comentarios
Es genial Miguel Rios